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el autostopista
alojado en Playa de Aro
(Gerona, España), localidad de la Costa Brava. Había
pasado el día en Tossa de Mar, otro lugar de veraneo
Cercano; había disfrutado del sol y del mar en una
pequeña cala y de una suculenta paella de pescado en
un restaurante del Paseo Marítimo, y en un momento
dado creyó oportuno reunirse con sus padres que se
habían quedado en Playa de Aro. Su automóvil estaba
estacionado a la entrada del pueblo, cerca de la
carretera que conduce a Palamós. Caminó unos minutos
hasta llegar allí, y enfiló la mencionada carretera.
A la salida del pueblo divisó a lo lejos a un
mochilero. André no tenía por costumbre parar en
aquellos casos, pero aquel día iba solo y tenía
ganas de conversar con alguien, por lo que decidió
detenerse.
El mochilero subió al automóvil con una amplia
sonrisa, y resultó ser una joven bastante agraciada
que iba vestida con un atuendo un tanto extraño,
como de principios de siglo. André no se sorprendió
excesivamente: "Cosas de la moda", pensó; pero este
detalle se le quedó grabado en la memoria. La joven
hablaba algo de francés, y André, cuyo idioma
materno era el flamenco, también. Comenzaron
hablando del tiempo, del mar, del contrabando, de
las curvas de la carretera, y la joven, que parecía
conocerla muy bien, puso en guardia a André sobre su
extrema peligrosidad. El coche iba a más de 80 km/h,
y ella consideraba que era una velocidad demasiado
alta. Acababa de explicarle que hacía muchos años
había sido víctima de un accidente en una de las
curvas más peligrosas de aquel mismo recorrido,
cuando, de repente, se calló. André estaba
concentrado en la carretera y tardó unos segundos en
observar que la mochilera ya no se hallaba en el
coche. Se detuvo y bajó. La estuvo buscando, pero no
logró encontrar ni rastro de la misteriosa joven. No
había oído que la puerta se abriera, y cuando paró
el coche se dio cuenta de que estaba bien cerrada.
Inquieto y nervioso, volvió a Tossa de Mar para dar
parte a la Guardia Civil de lo que le había
ocurrido, pero el sargento de guardia le dijo que no
era necesario, que al menos una vez a la semana,
sobre todo durante la temporada turística, aparecía
la misteriosa mochilera para advertir a los
conductores que no corrieran demasiado. Resultaba
mucho más efectiva que el disco de limitación de
velocidad. |