(*) Por su interés reproducimos el siguiente artículo publicado en el periódico La Voz de Almería el viernes 24 de junio de 2005

Suárez

José Domingo Lázaro Álvarez

«Los españoles me quieren, pero no me votan», sentenció el líder de la transición D. Adolfo Suárez, tras poner punto final a su trayectoria política.

Mucho antes, este abulense hecho así mismo, se erigió en arquitecto de los sueños de una generación entera; promoviendo un valiente tránsito desde un régimen dictatorial a un modelo de Estado de Derecho, rindiendo a sus pies a una clase política emergente que desconfiaba de su proyecto reformista, «si no había precedente era necesario crearlo. Nosotros creamos el precedente» afirmaría exultante, después de transformar España sin una sola ruptura, mediando únicamente reformas.

Suárez, primer presidente de la democracia española (1.976-81), promulgó la Ley para la Reforma Política , legalizó el Partido Comunista, hizo posible unas elecciones libres y empujó la redacción de la Constitución Española de 1.978 (el mayor logro democrático de España en casi medio siglo). El acoso que padeció su gestión le obligó a dimitir el 29 de Enero de 1.981; legándole a la sociedad su valerosa actitud al frente del Gobierno “en funciones” durante el golpe de Estado del 23 de Febrero, ni él ni el Teniente Coronel Gutiérrez Mellado se escondieron ante el ruido de una pistola; la causa democrática, que tanto había costado edificar, no se iba a hundir con su silencio. Se consolidaba así el prestigio de un político que navegó entre presiones, influencias, ideologías y partidos, para llegar, guiado por sus convicciones, a un puerto llamado libertad.


"Es una de aquellas figuras geniales que aparecen, muy de vez en cuando, personalizando cualidades propias de un verdadero líder"


D. Adolfo, es una de aquellas figuras geniales que aparecen, muy de vez en cuando, personalizando cualidades propias de un verdadero líder; destacando, a mi juicio, su capacidad de dirección, basada en la humildad, claridad de ideas y en su apuesta decidida, tomando partido por lo que creía justo y necesario, rodeándose de un equipo humano, por el que merecería la pena batallar, y que en la actualidad engrandece todavía más su nombre.

Dice su familia que este hombre, referente y clave en nuestra historia reciente, no se descubre entre sus recuerdos, olvidando los retales de una trayectoria que hoy goza de un merecido reconocimiento, aunque haya gestos y circunstancias que por inolvidables e incalculables jamás serán agradecidos en su absoluta medida.

Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su «ejemplar comportamiento político en la fundación de nuestra democracia»; su gallardía permite que, a día de hoy, los jóvenes españoles podamos gritarle a las reminiscencias del pasado que nacimos en Democracia; por ello, y por tantas otras razones motivo de orgullo, merecerá un glorioso pasaje en la Historia de nuestro país o de lo que quede de él. Ni la sociedad, ni la memoria sempiterna de una Nación, olvidará aquello que fue y significó.

En el programa homenaje emitido en Punto Radio, D. Miquel Roca, ponente de la Constitución y antaño diputado del Grupo Parlamentario de Minoría Catalana, destacó que cualquier loa a Suárez debe serlo "a sus valores, valores que nunca jamás debe perder la vida política" .

Aguda reflexión la anterior, luego en estos tiempos en que el noble arte de la política se empeña en presentarse vacío, disfrazado de ego y demagogia, la evocación de personajes como Adolfo Suárez permite a unos pocos seguir creyendo en la defensa de unos ideales políticos, que brusca y progresivamente se difuminan.

(VOZ DE ALMERÍA, 24 / 05 / 2005)

Adolfo Suárez González