"Solo puede ser eficaz una educación si busca enseñar
a alguien lo que desea aprender. Si el mundo en que vive, las relaciones
con las que está en contacto, la escuela misma, no despierta en
el individuo el deseo de aprender, no hay nada que hacer. Esto lo había
descubierto ya en su tiempo Platón, quien afirmaba en El Sofista,
que si la educación consistiera en dar de comer al hambriento, sería
la más sencilla de las empresas. Desgraciadamente, en la educación
nos encontramos con un fenómeno sustancialmente distinto. No hay
nada más difícil que dar de comer a un indigesto o a alguien
que lo que quiere es vomitar... Ese es el tipo de cosas que no pueden ser
obligatorias y los educadores no deberían olvidarlo cuando realizan
la labor de enseñar"
Estanislao Zuleta
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La Estrategia para conocer-se
Nuestra estrategia de educación se construye sobre la realidad,
entendida en la perspectiva de campos o sistemas dinámicos de
conocimiento, por cuyo tamiz pasan las áreas o disciplinas convencionales
(música, matemáticas, filosofía, teatro, sociales,
danza, plástica, literatura, etc.), pero vistas, eminentemente,
como vehículos del pensamiento y la creación que transitan
hacia la construcción de contextos de sentido socialmente reconocidos.
El concepto de campo o sistema debe entenderse aquí, tal como
lo propone Carlos E. Vasco, como la adopción de un enfoque metodológico,
de una “...opción epistemológica para emprender la tarea
de entender la realidad y no (como) las propiedades que se hacen presentes
en ella independientemente de la actividad creativa del sujeto modelador”.
Nuestros campos o sistemas son un modelo cognitivo de la realidad
constituido por un conjunto de partes o elementos relacionados entre sí.
Los límites de estos sistemas, por otra parte, son flexibles y se
ajustan a los requerimientos particulares de cada momento del proceso educativo.
“Los linderos de los sistemas culturales y sociales (que organizamos
para desarrollar nuestras actividades) no son fijos como las cercas de
una finca ni como los límites físicos de un aparato: el
cerebro los puede desplazar de acuerdo con lo que más convenga
para entender y atender una situación determinada... los sistemas
culturales no fueron diseñados intencionalmente por alguien, sino
que son armados o desarmados por nosotros mismos a través de una
disección e integración de la realidad”. (Vasco)
De estos postulados, tenemos varios planteamientos derivados:
· Cada campo de conocimiento es, a su vez,
un subsistema de un sistema mayor. Por lo tanto, los conocimientos están
relacionados entre sí, y comparten rasgos que se evidencian en los
productos de la creación.
· Para aproximarse
al conocimiento y la proyección de estos sistemas, se involucran
tanto “especialistas”, como otros miembros del eugenius
, de manera que se trascienden las disciplinas convencionales y se conforma
una especie de grupo transdisciplinario.
· La investigación
o indagación que se requiere para allegar conocimiento y proyectarlo
a la formulación de acciones educativas, no responde a los requerimientos
de información sobre la estructura interna, el funcionamiento
y la técnica particular y aislada de un área o disciplina,
salvo para ser contextualizada en el ámbito de un conocimiento estructural
del campo.
· Los investigadores
y formadores (que son también miembros de la comunidad, “mentores”),
se sitúan frente a los campos de conocimiento, no solo como observadores
y clasificadores de conocimiento, sino como parte de lo observado y sujetos,
ellos mismos, de observación.
· Las disciplinas convencionales
se apropian como partes de sistemas que pertenecen a otros campos de
conocimiento más amplios Estos sistemas, en la medida en son contextos
expeditos para la creación y la contemporalización de los
saberes, se convierten en los hechos más densamente poblados de
información y símbolos, y en la fuente de contenidos relevantes
para estructurar cada momento del proceso.
Para efectos de identificar los datos relevantes y las relaciones
internas de estos sistemas, es preciso convenir unos límites o,
al decir de Vasco, un “nivel de resolución del sistema”. Así
podemos establecer unos criterios mínimos que ayudan a dilucidar
los niveles de resolución de los modelos de sistemas que, ordenados
en virtud de su extensión y de la densidad de los elementos que lo
componen, permiten definir contenidos y rutas metodológicas. A continuación,
se presenta un esquema del enfoque aplicado:
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