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Un sistema electoral para un Parlamento más moderno

Sistema electoral de proporcionalidad máxima para el Congreso español

  

 

El Distrito es único para todo el Estado.

 

El Congreso se compondrá de 399 diputados.

 

La Barrera Legal, sobre el total de los votos válidos en todo el distrito, es del 3% para los partidos de implantación estatal y del 1% para aquellos partidos que presenten candidatura en una única Comunidad Autónoma

 

Las listas son cerradas y bloqueadas.

 

Se calculan de nuevo los porcentajes sobre el total de los votos de los partidos que han igualado o sobrepasado la barrera legal. Sobre estos porcentajes se procede al reparto de escaños:

 

  • El número absoluto del porcentaje de cada partido, se multiplica por 4, dando lugar a una primera atribución de escaños.
  • Los escaños restantes se reparten uno por cada 0,25% de mayor a menor porcentaje completando una o varias vueltas si son los bastantes. Si después de ello aún hubiesen escaños sin asignar, éstos se reparten entre los porcentajes mayores que no hayan sido susceptibles de reparto.
 Ejemplo:

 

 

Partido

% voto a partidos

parlamentarios

Reparto

inicial

Decimales

Reparto

restos

Total

escaños

CDL

30,9

120

0,75+0,2

+3+1

124

PSOE

26,2

104

0,2

+0+1

105

PP

25,7

100

0,5+0,2

+2+1

103

IU

8,4

32

0,25+0,15

+1

33

CiU

4,1

16

0,1

-

16

ERC

3,2

12

0,2

+0+1

13

PNV

1,5

4

0,5

+2

6

Total

100

388

3,0

7+4

399

 

 

            Éste es el modelo de mayor proporcionalidad jamás propuesto para el Estado español, con la ampliación máxima del número de diputados del Congreso admitida por la Constitución. El distrito único actúa igualando por completo el voto de cada uno de los españoles, donde quiera que lo emitan. Las características del modelo hacen que el debate parlamentario se centre en las cuestiones nacionales, incentivando la implantación estatal de los partidos, pero sin privar de representación a los partidos que son síntoma de movimientos territoriales y que tienen una larga tradición de participación parlamentaria.

 

 

            El sistema de reparto de escaños, la fórmula electoral, al contrario que la vigente, no premia a los dos primeros partidos ni castiga al resto de los partidos de implantación estatal. El número de votos perdidos es el mínimo posible propio de un sistema de partidos plural, y sin necesidad de realizar segundas vueltas de votaciones. Se favorece el multipartidismo y se elimina de raíz el tan frecuente “voto útil” o estratégico. Un mayor multipartidismo es beneficioso para las actitudes de eficacia y satisfacción de los ciudadanos ya que éstos pueden incidir de mayor modo mediante su voto en la situación parlamentaria apoyando a su partido preferido.

 

            La situación parlamentaria también cambia, favoreciendo el consenso entre partidos, haciendo difíciles las mayorías absolutas, pero no las mayorías estables. La barrera electoral no cambia respecto del distrito pero se flexibiliza, manteniéndose, por tanto, el mismo límite de relevancia mínima para la representación parlamentaria. El hecho de que la presencia parlamentaria mínima de un partido sea de 4 diputados, posibilita un mejor funcionamiento de éstos partidos en el Parlamento, ante las dificultades en las que se ven sumergidos los partidos con representación parlamentaria unipersonal en la actualidad, y posibilitando la formación de grupos parlamentarios con mayor facilidad.

 

            Por su parte, el cambio de las listas se considera una alteración innecesaria debido a lo irrelevante de su uso en los países que ejercen otros tipos de listas en las elecciones estatales: se mantiene por tanto el voto en listas cerradas y bloqueadas, considerando que los males que se suelen achacar a este tipo de listas son más propios de otras características institucionales y de las fuertes disciplinas de partido.

 

            En definitiva, este es un modelo que erradica los grandes problemas del sistema electoral actual: desproporcionalidad, bipartidismo, voto útil, preponderancia de cuestiones territoriales frente a temas nacionales; que, recordemos, se aprobó con un carácter transitorio ante la estimada falta de práctica democrática de los españoles y que, a pesar de la evolución de la sociedad española a una de las principales democracias de occidente, alcanza la mediana edad sin haber sido objeto de los cambios que se preveían hechos para muchos años atrás.

  

 
 
Un Senado nuevo
El Senado: una cámara federal
  

En CDL consideramos que el Estado español es un Estado federal, aunque mal organizado, por ello estima que la solución a esta incoherencia de forma es la reforma constitucional del Senado para que sea una cámara de representación de los Gobiernos autonómicos. Los senadores se convertirían entonces en delegados de los mismos, con lo que el Senado tendría una capacidad de respuesta inmediata a los cambios en los Parlamentos autonómicos independientemente de la fecha en la que se produzcan las elecciones de las Comunidades. Crece, por tanto, la importancia de las elecciones autonómicas, las cuales se podrán celebrar de modo individual por cada una de las Comunidades que lo desee, rompiendo con la situación de desigualdad actual. No obstante, todo esto no tendría sentido si esta reforma del Senado no se hiciera con una ampliación de sus competencias. CDL aboga por el traspaso en exclusividad al Senado de las decisiones de marcado carácter territorial y por otorgarle iniciativa y capacidad de rechazo de otras decisiones que serán de competencia compartida con el Congreso. En resumen, CDL propone:

 

  • Un Senado concebido como una Cámara federal de Gobiernos.
  • Que el Senado sea ágil en su respuesta a los cambios políticos en las autonomías, ya sean cambios producidos por las elecciones o cambios en las coaliciones gubernamentales.
  • Que el Senado sea una Cámara verdaderamente competente: con competencias exclusivas y con capacidad de intervenir en las decisiones del Congreso en determinadas cuestiones.