LOS SEÑORES DEL
BOSQUE
También
entre los viejos árboles se encuentran a veces formas minerales y hetéreas que
representan hadas, faunos o geniecillos pícaros, que son un símbolo de la
fuerza que irradia de ese lugar En los robles, las hayas, las encinas y oímos
existen también pequeñas cavidades profundas que es donde aparecen estos seres
citados (que son los encargados de su crecimiento) en el curso de las
ceremonias, siempre que sean invocados adecuadamente. Toda persona que llega a
contactar con uno de ellos no lo olvida jamás, pues recibe de regalo un cierto
conoctmtento de los secretos de la Tierra.
Son infinitas las tradiciones existentes sobre una serie de divinidades que protegen los bosques donde viven. Se consideran pequeñas entidades invisibles y totalmente vinculadas al árbol, flor o arroyo donde viven, de tal manera que, si desapareciera ese elemento natural -como lo es un árbol-, el ser que lo habita desaparecería con él.
Son los
neblinosos «elfos o gnomos de los
árboles».
Este culto dendrolátrico fue muy
común en la Antigüedad y por ello muy perseguido. San Martín de Dumio, en el
siglo VI, lanzó sus personales diatribas contra las personas que ejercían ese
culto:
¿Qué es sino adoración diabólica al encender cirios a las piedras, a los árboles, a las fuentes o por los trivios y observar las kalendas y echar ofrenda sobre el tronco o poner vino y pan en las fuentes?
En otras ocasiones, estas divinidades están representadas con forma de genios o de hombres generalmente de gran tamaño y fuerza, peludos y defensores de los animales y del entorno natural donde viven. A veces se les hace pertenecer a una raza humana casi extinguida, pero con una categoría superior a la de los humanos ordinarios. Estos dioses eran sabios dotados de gran poder, no tanto sobre los hombres, sino sobre los elementos de la Madre Tierra. Por esta razón, en todas las leyendas están considerados como los auténticos dueños y protectores de la vida de los bosques, montañas, selvas o sencillamente Señores de la Naturaleza. Sus cualidades y poderes se sitúan entre los correspondientes a un superhombre de gran fuerza y a un dios.