Follets de las cuevas y Negrets
Los korreds son la demostración más palpable de la antigüedad de los elementales entre nosotros. Como miembros del Pueblo Antiguo, no son mineros sino constructores. En Bretaña se asegura que los dólmenes fueron obra de los korreds, y todavía hoy viven algunos en el interior de la tierra, bajo esos dólmenes, a pesar de que hace milenios que sus construcciones perdieron el poder de recibir y acoger la energía telúrica. Algunos korreds que abandonaron sus metrópolis mágicas y se vincularon cada vez más a los hombres son los populares follets de Francia, Bélgica, Suiza, Baleares y Cataluña, hoy considerados una variedad de los duendes domésticos, mostrando una apariencia muy distinta a la de sus antepasados.
En
un camino intermedio entre los duendes y los korreds primitivos
quedaron los follets de las cuevas, que viven en el
interior de
algunas cuevas en Córcega o en Mallorca, manteniendo un trato
ocasional con los hombres, pero sin residir en sus casas. Son de
piel morena, de larga barba negra y, a diferencia de los follets
comunes, no suelen llevar trajes de rombos. Tienen la estatura
normal de los korreds (entre 30 y 60 centímetros). Usan armas
metálicas del tamaño de alfileres (al igual que los tardos
gallegos), característica ésta que los diferencia enormemente
del resto de los fofiets, los cuales, según la tradición, odian
las armas de acero.
Precisamente en la isla de Mallorca se sitúa uno de sus parientes. Nos cuenta el investigador Carlos Garrido, dentro de su obra Mallorca mágica, que uno de los barrancos encantados que existen en la isla, en concreto el de Sa Coma, en Sóller - estrecho y oscuro- guarda una antigua tradición sobre unos pequeños seres llamados popularmente Negrets. Se hace eco de una leyenda ubicada en una de sus cuevas, de esto hace mucho tiempo, donde habla un negret que lo describe como un duende de baja estatura y con una tonalidad de la piel bastante negruzca. Corno ocurre con algunos de estos seres míticos, sus costumbres se fueron transformando con la llegada del cristianismo. Pasó a tener comportamientos curiosamente religiosos y solía salir la mañana del sábado de Pascua a buscar a un humano para que le trajese una vela prendida en el «foc nou» que encienden en el oficio detal fecha.
Si
un afortunado mortal se topara con este personaje y se le
ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría
inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al
humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito
del «toque mágico», es decir, se debe
efectuar un contacto
especial con algún objeto o material determinado para que el
espíritu conceda sus dones y favores (corno ocurre con la
gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca
el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas).
Aunque en algunas zonas costeras del Mediterráneo abundan seres de parecidas inclinaciones, la verdad es que es una leyenda muy poco extendida incluso en Mallorca, por lo que pensamos que se trata de un relato local, fabulado y cristianizado, sin apenas consistencia real, ideado tal vez al socaire de ciertas creencias de tesoros escondidos que oculta dicho barranco, custodiado por seres demoníacos que dejan de serio por arte de birli-birloque gracias a la imaginación popular, como hemos comprobado en otras ocasiones.
No abundan mucho
que digamos las creencias sobre enanos y gnomos en Andalucía,
pero existe una localidad situada en la provincia de Almería que
aún guarda un tenue recuerdo de ellos. Nos referimos a los
Enanos de Vera, y en concreto al lugar llamado «El Zorzo»,
donde aseguran algunos vecinos que en los atardeceres de días
muy señalados aparecen unos extraños enanos que tienen la
loable misión de proteger a las buenas personas que transitan
por esos
contornos en dirección a la fuentecica. Por el contrario, si el
que recorre ese camino es una persona malvada y con oscuras
intenciones, lo apalean con saña. No podemos ser más precisos
porque tampoco lo es José María de Mena, el autor del que hemos
recogido esta valiosa información, pero es de suponer que
también serán morenos y grotescos como corresponde a esta
familia diminuta.
Por
contra, sin salirnos de Andalucía y subiendo ahora a las
encrespadas cumbres de la granadina Sierra Nevada, existen
algunos testimonios sobre una especie de malvados
«monos-duendes», de pequeña estatura, peludos y feroces que
han provocado la muerte de algún alpinista a través de
«casuales» aludes de nieve o desprendimientos de piedras. Por
su feúcho y oscuro aspecto físico son llamados también «monos
caretos». ¿Tienen algo que ver con alguna raza de pequeños
homínidos que aún no han sido catalogados
por la ciencia que el
internauta se vaya acostumbrando a esta clase de interferencias
entre materias aparentemente heterogéneas.
El historiador extremeño Publio Hurtado, después de referirse a los duendes, dice que más raros fueron en Extremadura los enanos y, sin embargo, los hubo. Hace referencia, sin citarlo, al libro de Janer, diciendo que el último del que se tiene noticia fue «uno descendiente de una familia de esa ralea, que, siguiendo a los ejércitos de Bonaparte, vino a España y se avecindó en una gruta próxima al castillo de Monzón, llegó de paso para la corte, a Torrejón de Ardoz, el día en que Narváez triunfó en aquellos campos sobre el general Zurbano 1843), y harto de ver que en España, por diferencias políticas, era interminable la lucha fratricida, cogió la banderola de un soldado de caballería que halló en el campo de batalla, montó en ella y desapareció por los aires, no habiéndose vuelto a tener noticias de él».