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Los, gnomos, duendes, enanitos y sombreritos de las peñas, pigmeos etc., por ejemplo, viven en y debajo de la tierra, trabajando sobre las rocas,árboles, flores. Construyen sus casas en cavernas, en minas, en viejas casonas que las cubren de vegetación. Son los guardianes de los tesoros ocultos. Manipulan la energía etérica construyendo o fabricando piedras, minerales en general, piedras preciosas.Sin ellos no existiría el hierro ni el oro.

ANTÓN PONCF, DE LEÓN PAIVA: En busca del anciano (1994).

 

El asturiano Constantino Cabal se hizo eco de algunas de las tradiciones recogidas por Apc-les Mestres y dice que en «Cataluña, en efecto, se encuentran enanitos todavía, pero ya se ha olvidado su papel».

No obstante -continúa-, por España aún corren cuentos de enanos guardadores de tesoros que pagan al jorobado que tiene la fortuna de agradarles, quitándole la joroba y dándole a la vez una fortuna... Esto mismo también ocurre en las Baleares y en otras zonas del mediterráneo.

La actividad de custodiar tesoros no es propia tan sólo de duendes, como sugería el jurisconsulto Torreblanca, sino, tal corno estamos viendo, de enanos y gnomos. Todo esto demuestra hasta qué punto, durante mucho tiempo, se dio por hecho que los elementales que custodiaban tesoros conocían el secreto alquimico de la transformación de los metales y además la ubicación de las más ricas minas auríferas.

El misterio de los tesoros secretos, custodiados o no por feroces seres sobrenaturales, originó la aparición de toda una caterva de estrafalarios personajes que aseguraban saber dónde podían encontrarse, razón por la cual eran denominados tesoreros. No crean que era una actividad tan lucrativa y sencilla como pudiera pensarse, ya que, además de tener que localizar el tesoro encantado con pistas generalmente muy vagas, a menudo tenían que vérselas con la Inquisición, que asociaba estas actividades a asuntos propios del demonio. Como inestimable ayuda contaban con un valioso libro llamado vulgarmente el Ciprianillo (nombre derivado de San Cipriano, que antes de hacerse cristiano fue mago), y que, según el investigador Jesús Rodríguez López, tenía la propiedad de obligar a mouros, lumias y negrumantes a que sacasen desde sus escondrijos los tesoros que ocultaban.

 

Los Mouros y el libro de San Cipriano

Diablos tesoreros


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