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Democracia
y Comunicación
Armand Mattelard
Entrevista
realizada por Jordi Gordon. El sistema democrático peligra en
la sociedad de la información. El profesor Armand Mattelard,
uno de los principales teóricos de la Comunicación, nos alerta
de este riesgo provocado por la sumisión a las tecnologías y
al mercado más allá de cualquier proyecto social y político,
y realiza una revisión crítica de los mitos de la sociedad
global de la información.
Usted
ha venido a España a participar en un seminario sobre el déficit
democrático en la comunicación y la información en pleno
momento de euforia tecnológica. ¿Cuál es el significado de
esa afirmación?
Concretamente
ese déficit está relacionado con el problema de la
transformación de los sistemas de comunicación e información,
tanto de los Medios como la emergencia de las nuevas tecnologías.
El desafío que suponen para la humanidad no está siendo
discutido en el seno de la sociedad civil organizada, sino que,
por el contrario, está al margen de la mirada de esa sociedad
civil.
Un
ejemplo es la fascinación que nos produce Internet, que logra
abstraernos de toda mirada crítica y agrava la concepción
darwinista de la bondad de las tecnologías que se ha instalado
en nuestra sociedad. Mientras los lobbys, los grupos de presión
trabajan presionando a los políticos no hay respuestas de la
sociedad. De esa manera todo se convierte en un problema técnico.
En realidad, eso es el pensamiento único, no existen problemas
políticos ni sociales desde los que abordar este mundo. En las
directivas europeas sobre la TV sin fronteras, La Sociedad
global de la Información y la Convergencia se abordan esos
temas desde la negación de lo político, sin debate social y
ese es uno de los mayores déficit democráticos.
Además,
hay una ofensiva ideológica con el concepto de democracia del
mercado. Los lobbys empresariales usan siempre el argumento de
que cualquier regulación en el ámbito de la comunicación es
censura. En la defensa de sus intereses, sostienen que el
consumidor debe ser el único juez. Esa concepción liquida la
política pública. Y para mi tanto la comunicación, como la
educación, la salud o el medioambiente son derechos públicos
inalienables.
Es
curioso, por eso, cómo un documento del Departamento de Estado
de EEUU expresaba su temor a que las regulaciones y la excepción
cultural que se ha debatido en Europa frente a la invasión y el
dominio del mercado de contenidos por EEUU, se extendiera a los
países del Este y a otras partes del mundo y acabe poniendo en
peligro su hegemonía.
Vivimos
hipnotizados por la nueva economía, por las tecnologías, y nos
venden un futuro de progreso económico sin límites.
Esta
situación se explica por el descalabro de la ideología del
progreso que ha sido sustituida por una ideología de la técnica
y del mercado. Hoy la ideología del progreso es la ideología
de la comunicación. La idea de progreso ha sido reivindicada
desde el siglo XIX tanto por los liberales como por los
reformadores sociales o utopistas. Hasta hace poco todos los
sectores sociales estaban de acuerdo en que el progreso permitiría
zanjar las desigualdades sociales y suprimir las injusticias
sociales. Pero esta noción ha fracasado. Los años setenta son
la constatación de que la vieja ideología del progreso
infinito ha fracasado porque todas las estrategias, tanto
capitalistas como socialistas, no han logrado zanjar las
desigualdades sociales. Y es a partir de esa época, cuando se
empieza a producir lo que los norteamericanos llaman la revolución
de las comunicaciones que, en una metamorfosis progresiva, lleva
a abandonar la ideología del progreso en provecho de la ideología
de la comunicación que, curiosamente, retoma los mismo mitos.
Su discurso es difundir que para progresar todos debemos
comunicar. Todos debemos comunicar, aunque poco importa que detrás
no haya ningún proyecto social.
Tengo
que decir que la ideología de la comunicación es una ideología
de cínicos. Si usted mira los tratados de Marketing global,
observará que los publicistas trabajan solamente para el 20% de
la población mundial y que ignoran absolutamente al resto de la
humanidad. Es una ruptura tremenda en relación con la ideología
progresista que se ha olvidado. El progreso técnico, por el
momento y tal como está desarrollándose, sólo aprovechará a
aquellas clases medias que están incluidas en el plan de
beneficios de la globalización. El gran drama es que la
humanidad está aceptando mayoritariamente una ideología que
piensa que integrar al 80% de la población mundial es
imposible. Eso explica, por otro lado, las rebeliones y
estallidos sociales que están surgiendo en muchas partes del
mundo. Mucha gente se da cuenta que con este modelo no se puede
sino ir hacia atrás.
¿Se
podría interpretar que existe un cierto aire de nostalgia en
sus planteamientos?
Yo
no soy nostálgico, los nostálgicos son conservadores. Cuando
hacemos un análisis crítico es para avanzar. La nostalgia es
una capitulación frente a la realidad. Se trata de
analizar que, en nombre del progreso, se construye un discurso
sobre la sociedad de la información carente de todo contenido
social y donde sólo hay mercado y desregulación. Es
significativo que en todos los documentos de la Unión Europea,
en todos los discursos políticos se hable de la sociedad de la
información, pero en ningún sitio se dice qué es la información.
El libro blanco de la Comunicación que la Unión Europea tiene
comprometido desde 1992 sigue paralizado. Mientras tanto, las
empresas de la comunicación siguen creciendo y ocupando
espacios públicos y privados, y los ciudadanos se encuentran
con una especia de " fraude legal" porque no hay
medidas que protejan sus derechos colectivos.
A
menudo nos encontramos con la perplejidad, la confusión y con
el hecho de que el lenguaje que se ha utilizado para analizar y
definir la sociedad civil y democrática ha sufrido una cierta
perversión semántica.
Todo
se vuelve natural. Los cambios se presentan a partir una mirada
darwinista. Un anuncio sobre solidaridad sirve para vender un
coche. Esta subversión del lenguaje se ha venido produciendo
progresivamente desde 1970. Los sectores críticos de la
sociedad han sido descompaginados porque han debido pasar de una
concepción de la Comunicación que tenía como único punto de
vista su crítica como si fuera demoníaca, para plantearse cual
debe ser la alternativa democrática a la Comunicación y los
Medios actuales.
La
comunicación ya no es sólo los medios, el campo de la
comunicación abarca todos los intersticios de la sociedad, lo
que para los ciudadanos es difícil de entender.
La
llegada, la penetración de un modo de pensar único sobre la
comunicación ha llegado de manera sutil, clandestina sin que
nos diéramos cuenta de que socavaba las bases de la sociedad.
Hay fuentes de emisión de esta ideología de la Comunicación
que es múltiple como por ejemplo el lenguaje, los conceptos y
nociones que utiliza la Unión Europea en sus directivas.
En
ese sentido, merece la pena recordar que la primera directiva
que dictó la Comunidad Europea relacionada con la Comunicación
fue sobre publicidad. Es muy revelador de cómo se han producido
las cosas y también que fuese la primera cuestión en la que
bajamos la guardia. Los únicos actores que participaron en la
discusión eran las asociaciones de consumidores que nunca habían
reflexionado sobre un problema filosófico, el papel de los
Medios y de la Comunicación. La discusión se centró sobre la
veracidad o no de los mensajes publicitarios y sobre la
competencia.
Progresivamente
se fueron formando lobbys. Después de esta directiva se fueron
aprobando otras sobre la Televisión sin Fronteras, La sociedad
Global de la Información y la Directiva sobre la Convergencia.
Todas con un denominador común: la ausencia de reflexión política
y la reducción de todo el debate a los problemas técnicos. Ahí
se ve la deriva del lenguaje de los políticos europeos en la
negación de lo político, el ciudadano es consumidor o usuario.
Por
otra parte, en los años setenta como consecuencia de las
investigaciones que se realizaron en el campo de la electrónica
militar y de la fuerza aérea norteamericana Strategic AIR
Command, llegan nuevos métodos al campo civil para predecir el
futuro. De repente, un conjunto de fábricas de ideas se pone a
producir discursos y escenarios de anticipación de la técnica
y se pone en marcha un verdadero dispositivo de producción de
representaciones en favor de la tecnología. Es la época de los
grandes informes en Japón, EEUU y cuando piensan sus sistemas
de Comunicación y surgen conceptos que ahora se usan
cotidianamente como sociedad postindustrial, sociedad de la
información, etc.
De
la misma manera que en el siglo XIX los reformadores sociales y
hasta los años veinte las utopías de los reformadores sociales
acompañaron un modo de desarrollo y la lucha de clases en el ámbito
nacional e internacional. Yo creo que a partir de la segunda
guerra mundial progresivamente la utopía- no debería llamarse
así-, se ha trasformado en la construcción de representaciones
para hacer desear una sociedad electrónica que es en sí misma
una sociedad de mercado. La
Democratic Market Plays.
Paralelamente,
en vez de suscitar una reflexión de las clases intelectuales
sobre técnica, sociedad y democracia, se produjo
progresivamente una transformación radical de posición de éstas
sobre la noción de democracia. Saturados, desencantados frente
a los fracasos reiterados, los intelectuales se han separado de
una reflexión crítica de la sociedad. Y esto sí que es un
problema mayor.
La
llamada sociedad de la información, en mi opinión, implica la
necesidad de integración de los productores de la materia
prima, de la materia del conocimiento a la lógica del sistema.
Hoy en día hay una lógica estructural que lleva a los
productores del saber a colaborar con un tipo de sociedad sobre
la que a lo mejor no se interrogan.
Es
duro decirlo, yo estoy en una Universidad en la que hay sectores
con un pensamiento crítico pero hay otros que ya no siguen
pensando, que ya han dejado de pensar en la misión de la
Universidad y del servicio público frente a los retos de esta lógica
de integración.
Cuando
se dice que triunfa la idea de democracia mercantil, el triunfo
de la democracia de mercado no es un lema general tiene actores
muy concretos que se resisten a unas ideas y hacen avanzar
otras, etc. Yo creo que tanto la creación de representaciones
como la resistencia a otras no existen si no están integradas
en un tejido social y no al margen de él.
¿Qué
papel están jugando los partidos políticos, los gobiernos, los
Estados en el deterioro de la calidad del sistema democrático?
Cuando
hablamos de los déficit de la democracia, de estas crisis que
envuelven al Estado de Derecho deberíamos plantearnos hasta qué
punto estamos defendiendo la democracia con instrumentos
anticuados. A nuevos tiempos, a la desregulación, a un tiempo
de crecimiento de las nuevas plutocracias se hace necesario
dotar a la sociedad civil de nuevos instrumentos que garanticen
el ejercicio de sus derechos colectivos. La comunicación es
mucho más que los medios, participa en la producción, en el
ocio, etc. Hay una invasión y, a la vez, una cesión de los
Estados de su propia soberanía. La expansión de la comunicación
se hace a costa de la privatización de espacios previamente públicos
y esa desregulación alcanza en ocasiones la privatización de
derechos fundamentales, se pone en juego la libertad de expresión,
el derecho a la información de los ciudadanos y muchos valores
que están en la médula de lo cívico.
Los
partidos políticos, incluso la izquierda, los progresistas, por
ese alejamiento histórico de los problemas de la comunicación,
han participado en la entrega de estos derechos a las grandes
corporaciones o consorcios transnacionales.
Ese
es el problema mayor. Yo creo que donde el neoliberalismo ha
logrado su meta por el momento es sobre la idea de la desaparición
del Estado y del Estado-nación. La gran ofensiva que empezó en
los setenta ha dado frutos. Basta leer los textos de Anthony
Gidenss, el teórico de la tercera vía, para darse cuenta de
los fallos de la izquierda y de los que pretenden su renovación.
En su último libro habla de la llegada de la edad global, que
no sé lo que quiere decir. Para él, la era global, la llegada
de las sociedades desarrolladas a la edad global implica revisar
las concepciones clásicas que tenía la izquierda sobre el
Estado y la sociedad civil.
De
hecho en su reflexión elimina como actor al Estado, se olvida
del Estado, lo que para mí es una necedad. El Estado es el ámbito
del interés general, aunque sea necesaria la reflexión sobre
su papel. En los textos de Giddens sólo aparecen dos actores,
una sociedad civil internacional, global y del otro lado las
grandes empresas. Lo que no se plantea es cómo en la situación
actual, el Estado y el Estado-Nación pueden reformularse para
enfrentar los desafíos a que nos enfrentamos. Hoy el mayor
esfuerzo de reflexión deber centrarse en la transformación del
Estado y su articulación con la sociedad civil. Y ahí está la
novedad. Hoy en día es imposible pensar el Estado como antes,
pero la única manera de repensarlo es en función de cómo la
sociedad civil puede apropiarse de temas que le conciernen como
pueden ser el campo tecnológico, la legislación frente a los
alimentos, la salud, el medio ambiente y otros muchos.
El
gran error de la izquierda es pensar que sólo existía un
concepto de Estado. El francés es diferente del español, o el
inglés .Como la teoría de Giddens se entiende muy bien a
partir de la época Thatcher. El pensamiento local muestra la
experiencia local.
¿La
regulación de la sociedad de la información se ha convertido
en uno de los principales problemas políticos en nuestras
sociedades?
Es
un problema político esencial. Hay dos posiciones enfrentadas:
la autorregulación empresarial, a través de la autodisciplina
y la regulación desde el Estado, desde las instituciones políticas.
Pero también hay gobiernos como el francés que se plantean la
coregulación que, en mi opinión, es la solución más
interesante. Es decir, tratar de reunir alrededor de los
problemas que plantean la sociedad de la información y la
llegada de las nuevas tecnologías a los distintos sectores que
representan a la sociedad civil, a los empresarios y al Estado.
Sin embargo, hasta el momento, se impone sólo la autorregulación
empresarial que es la que más se hace entender por medio de los
lobbys en la Unión Europea.
Sorprende
en cualquier caso que el debate no se refleje en la sociedad
civil y ésta siga todavía al margen.
Hay
que subrayar que todas las luchas en el mundo que reflejan una
nueva manera de resistir a un orden llamado global nunca toman
en cuenta los sistemas de información y comunicación. Toman en
cuenta los sistemas de agricultura, de salud, el medio ambiente,
etc.
Debemos
reflexionar sobre las razones de que todo lo que atañe a los
sistemas de información, a los retos que plantean la implantación
de las nuevas tecnologías, rara vez forman parte de un objetivo
de las luchas sociales.
Los
protagonistas de Seattle, las ONG utilizan las tecnologías de
información y comunicación, pero digamos que las grandes
luchas que muestran la emergencia de nuevos actores sociales en
el mundo, no llevan directamente a plantear el uso de las
tecnologías y, precisamente, ahí es donde está el marco de
desarrollo de la democracia del futuro.
La
diversidad de medios de información, la invasión de miles de
productos informativos se confunde fácilmente con la pluralidad
de contenidos.
Desde
luego la palabra diversidad ha sido desvirtuada, el problema de
la diversidad hoy es más bien diversidad de ofertas en el
mercado, es un término económico que se utiliza en los textos
políticos. La diversidad pertenece tanto al campo de la filosofía
como de la antropología. Todas las discusiones sobre la excepción
cultural reclaman una verdadera diversidad cultural que remita a
un respeto por diversas voces y por diversas culturas.
¿Las
concentraciones enormes de medios, de grupos multimedia,
operadores, etc. que se están produciendo en el ámbito
nacional e internacional crea el peligro de un monopolio de la
información?
El
monopolio es un riesgo evidente. En todos los sectores hay
concentración. Un solo grupo publicitario percibe el 40% del
sector por no hablar de la concentración entre AOL y TIME
WARNER y el grupo Turner que se han convertido en un gigante
mundial.
Por
el momento, las únicas respuestas que encuentran los gobiernos
nacionales son favorecer a las empresas que aparecen como los
campeones nacionales, aunque estas empresas al final también
entran en la lucha por la megafusión, como en el caso de Telefónica
aquí en España.
La
presencia masiva de Medios y el aluvión de informaciones hace
que nos preguntemos si estamos realmente informados o, por el
contrario, producen desinformación y un cierto grado de
alineación.
Es
preocupante. La saturación impide la toma de conciencia, porque
la velocidad de la información ya no te deja tiempo de procesar
esa información desde la inteligencia política y de lo que
pasa en el mundo. Conduce al impresionismo al tiempo que aumenta
el umbral de nuestra tolerancia. Uno llega a admitir cosas cada
vez más terribles. En los sesenta y setenta la sociedad no
hubiera permitido lo que hoy se llega a aceptar delante de las
pantallas de la televisión. Un ejemplo es la guerra de Vietnam
Allí los medios estaban en la oposición e hicieron mucho para
que ésta se extendiera. Hoy las estrategias de manipulación de
la opinión pública se han perfeccionado en la guerra del Golfo
y de Kosovo.
Curiosamente,
la multiplicación de los canales desemboca en el
empobrecimiento de la oferta y en la aparición de nuevos
mecanismos de control social. ¿Cómo interpreta el déficit de
los contenidos que se produce en un momento de gran expansión
de las infraestructuras?
El
futuro se va a jugar en parte no sólo en el déficit
cualitativo sino incluso en el cuantitativo de los contenidos.
Hasta ahora existía un tabique que salvaguardaba la educación,
aunque es verdad esa afirmación de que la televisión destruye
por la noche lo que la escuela enseña por el día.
Pero
progresivamente con la presión tecnológica y para amueblar
estas tecnologías con contenidos se empieza a producir una
ofensiva de los fabricantes de tecnología frente al campo de la
educación. Esto es debido a la necesidad de las empresas de
tener nuevos campos de explotación. Por primera vez en la
historia se acaba de celebrar una feria del mercado de la
educación en Vancouver, donde se han reunido todos los
fabricantes de productos educativos junto a las universidades y
representantes del mundo educativo. Cuando lees las
declaraciones de los participantes se te ponen los pelo de punta
al ver como avanza la idea de industrializar, de tomar el campo
de la educación para someterlo a lo que llaman las
transacciones comerciales. Eso no quiere decir que la lógica
del mercado no haya llegado antes a las escuelas. He leído un
artículo sobre la publicidad en las escuelas norteamericanas,
donde ahora utilizan spots financiados por empresas para enseñar
a los niños.
La
idea de política pública de comunicación está desvalorizada
por todas partes porque nos intentan convencer de que el único
juez del contenido es el consumidor y, si éste es soberano en
su juicio y no está afectado por los determinantes sociales y
económicos, ya no se necesitan políticas públicas. El gran
problema hoy es revalidar la noción de políticas públicas,
sin ello llegaremos a situaciones extremas.
Armand
Mattelard, profesor de Ciencias de la información y de la
comunicación en la Universidad de París VIII, es autor de
numeroso libros dedicados a la comunicación, como La
Communication-monde (1992) y L'Invention de la
communication (1994).
Tomado
de: http://www.inisoc.org/mattelar.htm
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