|
La lucha por
la paz hoy*
Pablo González Casanova
Ponencia presentada en la
Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, realizada
en La Habana, Cuba, del 27 al 29 de enero de 2003
Hace
poco nos preguntábamos si otro mundo es posible y decíamos que
sí. Era una respuesta a la llamada "ciencia única" y
a todos los economistas y políticos que pretendían estar
aplicando "la única política posible en el único mundo
posible". Los neoliberales de los 80 -recuérdenlos- se
presentaban como si tuvieran rigurosos y sólidos conocimientos
de los que nosotros carecíamos por mera ignorancia o por
empecinamiento ideológico, o por anticuados, según vociferaban
o musitaban. Incluso llegaron a afirmar, con cierto desparpajo,
que el neoliberalismo en marcha iba a dar fin a los ciclos económicos
y a las crisis periódicas, y que el desmantelamiento del Estado
social y nacional, así como la privatización y
desnacionalización de las empresas públicas, de los bienes
comunales y los ejidos, de los medios de información, de los
medios de comunicación, de los aeropuertos y de los puertos, de
las escuelas y las universidades, del agua, del aire, de la
energía eléctrica, del petróleo, iban a dar cabida a un mundo
en que El Mercado -con mayúsculas-, regido por "leyes
naturales", tendería a acabar con los desequilibrios y
abriría una larga etapa, de tal modo plácida y floreciente,
que ya podía anunciarse algo así como "el fin de la
historia". La seriedad teatral, sobria y modosa con que
sostenían esos despropósitos era convalidada por líderes
soberbios y sumisos de las naciones, del comercio, de la
industria, de las finanzas, de los "centros de punta"
en la ciencia y la tecnología, así como por los boards
y directores de revistas destinadas a las elites, y por los
voceros en mangas de camisa que manipulaban a las masas con sus
tirantes azules y sus corbatas verdes. El hecho es que los
neoliberales de los 80 dominaron al sentido común, y no sólo
lograron dominarlo con sus argumentos tecnocientíficos, sino
con sus invitaciones subliminales a una "opción
racional", que incluía la persuasión por la intimidación
y la cooptación.
Desde
los 80, sostener que otro mundo sí es posible es una respuesta
a los conformistas, a los oportunistas, a los serviles y
amedrentados, y a quienes creen ser tanto inteligentes como
honorables cuando apoyan tamañas mentiras por "realismo
político" y porque "pues no hay otra
alternativa". Frente a los líderes del neoliberalismo y su
conciencia privatizada, nosotros decíamos y decimos que sí se
podía actuar y pensar de otra manera y que los pueblos, los
ciudadanos y los trabajadores pueden acometer y construir un
nuevo proyecto de liberación, democracia y socialismo. Hoy
seguimos sosteniendo que otro mundo es posible. Lo seguimos
diciendo por cuanto medio está a nuestro alcance. Sólo que en
caso de estar equivocados, en caso de que los hechos confirmen
que otro mundo es imposible, eso querrá decir -sin duda alguna-
que nos encontramos en un "sistema en extinción"...
Si
no logramos construir un mundo alternativo al imperialismo, a la
dictadura de los complejos militares-industriales y sus
mandatarios, viviremos en uno de esos sistemas próximos a
extinguirse que estudian los especialistas en sistemas y que se
dan en el cosmos, en la Tierra, en los seres vivos y en la
historia de la humanidad. De esos llamados "sistemas en
extinción" se ocupan las ciencias más avanzadas y en
ellas el conocimiento de nuestra extinción posible ha alcanzado
niveles de rigor que cualquier científico no privatizado
reconoce, aunque algunos modelos matemáticos sean todavía
elementales...
El
peligro de ecocidio que implica la extinción del sistema Tierra
y del sistema humano como parte de la biosfera es un peligro no
sólo posible sino probable con la política de la llamada
"guerra sin fin", que puede acabar con todas las
guerras y con la vida en el planeta.
El
problema de "el fin del mundo" está lejos de
confinarse a las creencias del Apocalipsis. Tampoco corresponde
a un estado de ánimo "catastrofista", como
nerviosamente pretenden distintas variedades de irresponsables.
Y no se limita a pensar en otro sistema social distinto al
capitalista, ni añora un vano equilibrio de fuerzas parecido al
del pasado. El peligro de un "sistema en extinción"
induce a considerar seriamente las amenazas a la Tierra y a la
vida que se pueden materializar salvo que encontremos e
impongamos una modificación a la política depredadora y
conquistadora actual, y construyamos un sistema distinto del
actual.
Utopías
contrapuestas
Lo
que quiero decir es que no sólo otro mundo es posible sino que
es necesario para la sobrevivencia de la humanidad; que no sólo
los pueblos piensan que otro mundo es posible y necesario, sino
los grandes imperios del mundo y sus asociados. También ellos
se dan cuenta de los peligros del mundo. Y tanto ellos como
nosotros tenemos utopías, mundos alternativos que no existen y
que pensamos pueden y deben existir. El de ellos es el mundo que
surgiría entre conflictos y pactos militares y coloniales. Los
países imperialistas, encabezados por Estados Unidos, están
hoy planteando la posibilidad de un nuevo reparto del mundo y de
un nuevo pacto neocolonial. Su utopía de largo plazo no es la
guerra infinita sino la creación de un imperio estable,
equilibrado, que se proponen construir al borde del caos. Los
constructores de ese imperio están pensando en una política múltiple
que en última instancia les permita deshacerse de "la
humanidad innecesaria" y controlar a la población
necesaria tanto en su crecimiento como en su organización. El
proyecto metacientífico de una Granja Mundial de Animales es
objeto de experimentos en las "aldeas modelos" que las
grandes potencias han impuesto desde Vietnam hasta Guatemala y
desde las "reservaciones de indios" estadunidenses
hasta los batustanes de Africa del Sur y los "campos de
concentración" de Palestina. La utopía conservadora de la
Granja Global de Animales es la utopía de un horror
experimentado desde Adolfo Hitler hasta Ariel Sharon. Ese horror
es generalizable. Hoy se complementa con la historia prevista en
el Instituto de Santa Fe (Nuevo México), de un mundo en que la
ingeniería genética aumentaría la inteligencia de unos y
abatiría la de otros, disminuiría la demanda de trabajo no
calificado y aumentaría la humanidad inútil o sobrante hasta
niveles amenazadores para las elites. El equilibrio se podría
recuperar mediante políticas de exterminio selectivo y
generalizado que permitirían construir un mundo conservador en
el que habría más computadoras que habitantes. Ambos estarían
controlados por las ciberinteligencias de los nuevos complejos
hegemónicos en un mundo poscapitalista y ciberesclavista. La
Granja Global de Animales y Ciberántropos realizaría un sueño-pesadilla
que -como diría el físico de Santa Fe J. Doyne Farmer, autor
de La segunda ley de la organización- se podría imponer
hacia fines de este siglo, en una forma que nos es "tan difícil
de imaginar (según piensa) como puede ser para un perro
entender la ley de la relatividad".
Al
mismo tiempo, los pueblos que se expresan en Puerto Alegre y en
muchos lugares del mundo, desde la Lacandona hasta Seattle,
tienen la conciencia de que otro mundo no sólo es posible sino
necesario. Saben cada vez más que es necesario luchar por la
paz y por un mundo en que el ser humano manifieste sus virtudes
reales y potenciales. Esa es la otra utopía realizable, posible
y necesaria cuyos perfiles habremos de precisar en junta de
humanismos que combinen las luchas por la libertad de la persona
humana y de los trabajadores, las luchas por el bien común y
por dar prioridad a los problemas sociales en la asignación del
excedente, de las inversiones y los gastos, de los recursos y
las propiedades; las luchas por la democracia como participación
y representación para decidir sobre los presupuestos y los
planes; las luchas por la supremacía creciente de la sociedad
sobre el Estado y de la humanidad sobre los usureros y los burócratas.
La
alianza de utopías con firmeza en los ideales y en la unión de
las propias fuerzas con todas las afines habrá de combinar y
sumar políticas, ideologías y religiones tanto para impedir la
guerra y los nuevos pactos coloniales como para luchar por la
paz en un mundo menos opresivo e injusto. El problema se parece
en algo al que enfrentaron las fuerzas progresistas y
revolucionarias con las amenazas de Hitler, antes de la Segunda
Guerra Mundial. Pero los peligros y las posibilidades son
distintos.
Entre
los peligros mayores que vivimos, y que no se vivían antes de
la Segunda Guerra Mundial, se encuentra la posibilidad de una
escalada nuclear sobre la que hay cálculos rigurosos y macabros
no sólo respecto de la guerra misma sino de las víctimas de
ella en todos los países, incluido Estados Unidos. Uno de esos
cálculos sostiene que "en una guerra nuclear
racional" -así la llaman sus autores- Estados Unidos
"sólo perdería 20 millones de habitantes". Pero no
cabe descartar una guerra nuclear irracional que terminaría en
el ecocidio. Y esa posibilidad es tanto más peligrosa cuanto la
superpotencia estadunidense y pequeños y grandes países con
armas nucleares han iniciado un proceso en que la amenaza de
usar esas armas ya está al orden del día en los hechos, en los
razonamientos y en las palabras, como es fácil comprobar viendo
la televisión, oyendo la radio y leyendo los periódicos.
Peligros y ventajas
El
mundo actual es tan peligroso e incluso más peligroso que el
del equilibrio nuclear durante la guerra fría. Las
condiciones en que se plantean hoy los problemas pueden derivar
en una lucha de todos contra todos en que el discurso del miedo
que pronuncia el imperialismo no derive en el desarme de los
pueblos conquistables -como pretende- sino en su enervamiento, y
en "actos de locura" peores que los de Washington y
Corea del Norte.
De
otro lado, en la situación actual aparecen ciertas ventajas que
no cabe ignorar: una de las más importantes es que el propio
pueblo de Estados Unidos se opone a la guerra de manera más enérgica
y efectiva que aquel pueblo alemán de los años 30, dominado y
diezmado por el nazismo. La oposición a la guerra del pueblo
estadunidense no sólo está hoy encabezada por los grupos más
radicales y conscientes, sino por fuertes corrientes de una
opinión pública subterránea, que va a salir cada vez más a
la luz pública y a aumentar su fuerza conforme la información
acerca de los verdaderos objetivos de la guerra y de sus
peligros se haga más y más evidente. Entre los opositores a la
guerra se encuentran grupos importantes de las propias fuerzas
dominantes que ven cómo la proyectada guerra sólo sirve a las
grandes corporaciones del petróleo, sin que tenga ningún
efecto para la reactivación de la economía y las finanzas. Y
si algunos se animan con la conquista por intimidación de
nuevos territorios y riquezas, cada vez son más los que señalan
lo ilusorio y peligroso de tamaña empresa, y la posibilidad de
que derive en una guerra de destrucción mutua.
Otra
ventaja de las fuerzas de la paz de hoy frente a las del pasado,
es que la inmensa mayoría de los pueblos del mundo actual ha
enriquecido su proyecto de mundo alternativo, dando más y más
importancia a la democracia como pluralismo religioso, ideológico
y cultural que ayude a la práctica de la unidad en la
diversidad y al ejercicio del poder en una cooperación de
naciones y civilizaciones. Al enriquecimiento del concepto de
democracia se añade el enriquecimiento de la liberación de las
naciones y la autonomía de las etnias en proyectos
universalistas que enriquecen la identidad del
"nosotros" desde lo local y nacional hasta lo mundial.
En cuanto al socialismo, cada vez aparece más vinculado a la
democracia y a la liberación, como una política que no sólo
da prioridad a los derechos sociales, sino que también deja la
decisión sobre el uso del excedente a las organizaciones
representativas y participativas de los trabajadores, los
pueblos y los ciudadanos.
Pensar
que los angloamericanos, los afroamericanos, hispanos,
caribeños y orientales de Estados Unidos de Norteamérica
presentarán una creciente resistencia a la guerra no es tan sólo
buen deseo. Pensar que el proyecto alternativo actual se presta
a una restructuración de la política mundial mediante luchas
políticas y negociaciones que efectivamente contribuyan al
cambio de un sistema opresivo y depredador por otro menos
inequitativo y opresivo no es tampoco una mera ilusión. Pero así
sea nada más para aumentar la posibilidad de alcanzar objetivos
que hoy pueden parecer inalcanzables, la organización y la
conciencia de los pueblos jugarán un papel fundamental. Los líderes
de la sociedad civil y de la sociedad política que luchen por
organizar redes de pueblos en su propio terruño o en su nación,
o en varias naciones, y que hagan todo lo posible para que los
pueblos tengan información veraz y clara conciencia sobre los
peligros reales de la guerra y sobre las posibilidades
emergentes de construir la paz, podrán encontrar en sus
esfuerzos respuestas mucho mayores de las esperadas. Los
especialistas en los peligros de la guerra y en las
posibilidades de la paz tienen que elaborar un informe a la
humanidad para denunciar fundadamente las altas posibilidades de
acabar con la humanidad si no se detiene la conquista del mundo
y si no se articulan los movimientos y organizaciones que luchan
por un sistema mundial menos vulnerable que inicie una nueva
etapa de construcción de la libertad, la democracia, la
justicia y la solución pacífica de los conflictos.
Las
medidas que se tomen y los pasos que se den pueden hoy
parecernos pequeños dada la magnitud de los problemas; pero
pueden, en cierto momento, extenderse en formas exponenciales y
relampagueantes, esas que antes se interpretaban como milagros y
que hoy sabemos que son fenómenos característicos de las
etapas de crisis y de transición, en que inesperadamente los
pequeños grandes movimientos reorientan todo el curso de la
historia. Para lograr el gran cambio, cada movimiento de
pueblos, de trabajadores, de ciudadanos, ha de articularse con
los movimientos afines, vecinos y lejanos, y ha de ligar los
intereses y valores comunes en actos de solidaridad, en redes de
organizaciones locales, nacionales, que lleguen a ser
megaorganizaciones internacionales de pueblos.
Islas
de liberación
El
pueblo de Estados Unidos y todos los pueblos del mundo pueden
construir islas de liberación que se solidaricen entre sí.
Cuba ya empezó esa lucha de manera ejemplar y hay muchas
fuerzas más en el mundo, actuales y potenciales, que buscan
detener la guerra y realizar el sueño de un mundo humano, a
sabiendas de que si es imposible detener todos los conflictos
armados, es necesario encontrar soluciones políticas que
fortalezcan el poder de los pueblos y pongan un alto al actual
proyecto imperial.
En
las actuales circunstancias, parece indispensable recordar la
experiencia anterior de luchas por la paz que se propusieron,
primero, impedir la guerra, y después, al desatarse ésta,
buscaron aliados con una lógica que consistió en sufrir el
menor daño posible frente al enemigo, una lógica que por
cierto sólo operó entre gravísimas contradicciones que dieron
fin a la Segunda Internacional antes de la guerra de 1914 y que
aparecieron amenazadoras en la pasajera y siniestra alianza
entre Berlín y Moscú antes de 1939. La "opción
racional", hoy como ayer, debe oponerse a la complicidad y
al servilismo de un Proyecto de Conquista Mundial en el que
tarde o temprano no cabe "el menor daño posible" para
ningún judío, cristiano o musulmán, blanco o negro, rico o
pobre, yanqui o extranjero, pues son muy altas las posibilidades
de que la guerra llame a la puerta de todos.
Tampoco
podemos ocultarnos que quienes se propusieron cambiar la guerra
mundial en una revolución mundial no lo lograron ni en 1910-17
ni en 1959-66. Es más, en las décadas sucesivas, el
imperialismo y el gran capital dominantes desarrollaron e
impusieron nuevos "pactos coloniales", nuevas políticas
fascistas de todo tipo y políticas
"contrainsurgentes" que en la guerra fría
derivaron primero en la llamada "guerra interna" y más
tarde en la "guerra de baja intensidad", ambas
articuladoras de las técnicas contrarrevolucionarias y
expansionistas más avanzadas. "Guerra interna" y
"guerra de baja intensidad" son estrategias mutantes,
destinadas a controlar por el terror y la corrupción a los
pueblos en rebeldía, así como los territorios y recursos
naturales que están en la mira de las potencias imperialistas.
Hasta
ahora la "guerra interna" y la "guerra de baja
intensidad" han triunfado en la mayor parte del mundo. En
los albores del siglo xxi nos han colocado en el peligro de
perder no sólo en la lucha por un mundo mejor, sino en la lucha
por asegurar la sobrevivencia de la humanidad. Si países como
Cuba muestran una capacidad de resistencia notable, sus
experiencias merecen una atención que hasta hoy parece
insuficiente. Ejemplo para la humanidad, con los cambios y
adaptaciones que sean necesarios, Cuba nos revela que toda
posibilidad de resistir y de crear una alternativa eficaz al
sistema actual supone una articulación muy fuerte de la lucha
por la democracia, la liberación y el socialismo. En Cuba, la
experiencia de alcance universal sobre las estrategias y tácticas
de las fuerzas alternativas nos lleva a reconocer la intensa unión
entre el poder y la conciencia, la política y la moral como
base de una fuerza social con alta capacidad de resistencia y
construcción de alternativas. El sentido ético, político,
cultural, militar, social y práctico que se articula en
cualquier negociación y política de paz de Cuba no disminuye
ni atenta contra la fortaleza propia, ni viola las reglas de la
conducta internacional.
Si
se hace necesario un informe al mundo sobre los peligros que la
guerra de conquista implica para la sobrevivencia de la
humanidad, parece indispensable, ineludible, un informe al mundo
sobre las razones por las que Cuba es una esperanza para la
humanidad. Ambos informes -el de los graves peligros de una
guerra de conquista mundial y el de las grandes aportaciones de
Cuba frente a la guerra y por la paz- deben ser muy rigurosos,
muy exactos, muy claros.
El
informe sobre los peligros de la guerra de conquista global
puede convertirse en un documento contundente que se difunda en
todas las formas posibles hasta convertir la lucha por la paz en
el sentido común de la humanidad. Tiene que actualizar,
documentar y dar a conocer el estado actual de las teorías y
las prácticas sobre la imposibilidad de mantener bajo control
la conquista del mundo y sobre el carácter altamente probable
de que la guerra del petróleo se transforme en una guerra de
destrucción mutua, en que el imperio y el imperialismo no podrán
hacer guerras en Irak o en Corea del Norte sin que se oigan las
explosiones en China, Japón, India, Pakistán, Rusia, Europa y
Estados Unidos. Puede comprobar esa alta probabilidad. Tiene que
precisar y difundir un peligro que conocen todos los grandes
especialistas. Tiene que ser un documento magistral que
contribuya a que domine una lógica humana, moral y política de
conservación de la especie.
En
cuanto al informe de Cuba al mundo, me atrevo a pensar que otros
como yo querrían saber más sobre algunos hechos
incontrovertibles, en particular aquellos que nos ayudan a
explicar la articulación de fuerzas que ha permitido a Cuba
resistir un bloqueo de más de 40 años, así como enfrentar los
numerosos intentos de desestabilización y destrucción de la
Revolución cubana y sus líderes que el gobierno de Estados
Unidos ha realizado o auspiciado. ¿Qué le ha permitido a Cuba
resistir que tenga un valor universal, de experiencia común en
medio de la diversidad de naciones y de pueblos? Es más, ¿qué
le ha permitido construir, en medio del cerco y el asedio, una
alternativa social, cultural, económica, militar y política,
pedagógica, que constituye una de las grandes fortalezas de la
humanidad, cuando es un pequeño país de algo más de 10
millones de habitantes cercado y asediado por su vecino, el
imperio más poderoso y agresivo del mundo? Yo creo que muchos
cubanos tienen experiencias universales que han dado a conocer
insuficientemente. Varias de esas experiencias son el origen de
esta gran capacidad de resistir.
Menciono
unas cuantas: Uno: los discursos del comandante Fidel Castro a
raíz de la toma del poder del Estado en que se pasaba horas
enseñando a pensar cómo se toman decisiones, qué peligros
amenazan, qué esperanzas todavía no tienen base, qué
soluciones son más seguras, qué contrataques pueden venir, qué
responder y cómo a las distintas políticas de desestabilización.
Pensar y actuar, pensar y hacer, se atendió desde el tiempo de
Frank Pais, desde Santiago hasta La Habana, y después desde la
Sierra Maestra hasta todas las ciudades, pueblos y barrios de
Cuba. Para decirlo de una manera más clara, en Cuba se dio una
revolución en la propaganda política y otra en la educación.
La propaganda se volvió pedagógica. La pedagogía política
devino el arte de pensar y actuar. Es más, la pedagogía política
de voluntades colectivas se vinculó a una lógica y a una
cultura del poder que incluye la moral colectiva y personal como
una de sus fuentes de energía, de fuerza. Dos: la organización
del pensamiento, de la palabra, de la voluntad y el carácter se
articuló a la organización de las bases sociales y a la
educación de quienes aprenden a aprender como individuos,
grupos o asociaciones, o como partido de unidad de la
diversidad, ese gran problema. La organización del pensar-hacer
individual y colectivo no sólo incluyó la comprensión de las
contradicciones del capitalismo y el imperialismo sino la atención
a las contradicciones propias. Cuba supo enfrentar el ineludible
problema de las soluciones contradictorias y de las
contradicciones en el interior de las fuerzas revolucionarias;
de las contradicciones en el interior de la clase obrera, del
pueblo, de la ciudadanía nueva. El enfrentamiento, con reglas
de diálogo y disciplina, tuvo muchas virtudes. Entre las
principales se encontró la forma de impedir que el imperialismo
y sus asociados internos -tan importantes y desgraciados-
aprovecharan esas contradicciones para desatar la guerra interna
con procesos de desestabilización y autodestrucción de la
revolución por sus propios beneficiarios, pueblos trabajadores,
pobladores. Tres: en todas las luchas se elaboró una síntesis
del pensamiento y la práctica en la propia Cuba. Se pensó
verbalmente en la lucha contra los dictadores y los gángsters
de La Habana y contra los caudillos y ricachones urbanos y
rurales. La intuición vivida se unió a la teoría pensada y a
la rápida sagacidad que sabe responder a la amenaza. La síntesis
de lo local político y revolucionario incluyó en sus memorias
a un pensador universal que acompañó todo el proceso: José
Martí. Lo hizo suyo y con él recreó su propio pensamiento
sobre las grandes experiencias del mundo, de América Latina y
de la propia Cuba. Con Martí llegó al pensamiento de Marx y de
sus sucesores. La lucidez y firmeza de Martí están presentes
en toda la lucha ético-política y revolucionaria de Cuba. Martí
formaría parte de la moral y la práctica de luchar en Cuba.
También contribuiría a frenar las corrientes del pensamiento
autoritario criollo o del que venía con el apoyo de la Unión
Soviética (URSS). Y a la caída de ésta, Martí sería como
una antorcha en el llamado periodo especial, cuando Cuba se
enfrentó a una historia imprevista por toda la teoría,
imprevista en lo que se refiere a las estrategias a seguir en
caso de que el bloque soviético se desintegrara, hecho sólo
anunciado por dirigentes revolucionarios que parecían
desvariados y que acabaron teniendo la razón.
El
hecho es que Cuba enfrentó las contradicciones entre la
necesaria disciplina y la necesaria libertad de un pensar común
y diverso. Cuba asumió creadoramente lo común y lo diverso con
Martí y con Marx. Pero de eso sabemos menos de lo que
necesitamos saber para futuras luchas que enfrenten con éxito
la guerra interna, las políticas imperialistas de
desestabilización, las guerras de baja intensidad.
Cuatro:
nosotros hemos dicho que el país más democrático del mundo es
Cuba. No se trata de una afirmación exagerada, porque no
estamos diciendo que sea la mejor democracia posible, sino la
mejor cuando se mira cualquier otro país del mundo. Lo dicho,
dicho está y es exacto. Y no es cualquier cosa. En medio de las
limitaciones y contradicciones inevitables de cualquier lucha
por la democracia como participación, organización y
representación del pueblo en la toma de decisiones del gobierno
y el Estado, Cuba destaca de manera indiscutible, fácil de
probar. En la práctica del gobierno del pueblo, en la práctica
del gobierno para el pueblo y en la práctica del gobierno con
el pueblo nadie sobrepasa a Cuba. Baste recordar dos ocasiones
en que este fenómeno habitual se expresó de manera
excepcional: la primera fue cuando la casi totalidad de los
cubanos se reunieron en pequeños y grandes grupos a discutir qué
debía hacer Cuba tras la disolución de la Unión Soviética.
El "¿qué hacemos?" se lo planteó la inmensa mayoría
de los cubanos, y la inmensa mayoría decidió hacer una política
que 10 años después nos permite estar aquí pensando cómo
luchar por la paz mundial, la democracia, la liberación y el
socialismo, única forma de vencer en este mundo desequilibrado,
enloquecido. La segunda participación nacional del pueblo
cubano -y digo nacional con un lenguaje en que la realidad se
iguala con el pensamiento- ocurrió el año pasado, cuando Cuba
decidió incluir en la Constitución de la República el
Proyecto Socialista y dar así fin a los intentos seductores de
desestabilización por una "humanitaria democracia de
mercado". El mundo necesita saber más -todos necesitamos
saber más- sobre la democracia en Cuba, la de veras, y sobre la
articulación de la voluntad y la conciencia en el pueblo
cubano, esa rara junta de la idea y la energía que ha permitido
a Cuba impedir la guerra interna y la invasión militar y
paramilitar de las fuerzas imperialistas y sus agentes abiertos
y encubiertos.
Quinto:
el más reciente proyecto de hacer de Cuba un país-universidad
tiene implicaciones en la formación del ser humano que ameritan
ser conocidas en el mundo entero. Y aquí detengo mi demanda de
un informe de Cuba al mundo. Pero no quiero terminar sin hablar
de otro gran proyecto que es muy humilde, y también universal,
el de los zapatistas en México. El movimiento zapatista expresa
la experiencia de las guerrillas latinoamericanas de los años
60-70 y de la resistencia indígena que lleva más de 500 años.
Sus integrantes -indios y mestizos- son herederos de las
culturas mayas, de las culturas del México mestizo y criollo, y
de las culturas occidentales en sus versiones hispánicas,
norteamericanas y europeas. Esa confluencia de tantas culturas
lleva siglos y tendió a aumentar en el pasado con el acceso de
muchos jóvenes indígenas de México a las escuelas normales y
a las universidades. El Ejército Zapatista de Liberación
Nacional cuenta entre sus comandantes con intelectuales del más
alto nivel, que no sólo dominan el castellano ni sólo conocen
las lenguas mayenses. Varios de ellos y de sus compañeros están
al día en la evolución del pensamiento filosófico y
revolucionario mundial. En el contenido de sus manifiestos y
escritos, en sus diálogos y discursos se percibe una capacidad
de comunicación local y universal poco común, que no sólo
sorprende cuando muestran estar al día en los planteamientos de
la nueva izquierda sino en los del posmodernismo en sus
versiones críticas. Tener conocimiento de tan extrañas y
universales circunstancias es fundamental para comprender el carácter
universal y creador de las aportaciones de los zapatistas a los
conflictos de nuestro tiempo, y a los proyectos de lucha para la
construcción de un "mundo hecho de muchos mundos".
Habiendo
ocupado la televisión internacional el 1° de enero de 1994 con
la toma de la ciudad de San Cristóbal y de varios puntos en el
estado de Chiapas, los indios zapatistas iniciaron una lucha pública
que adquiere significación creciente. Salidos de una historia
riquísima que reformulan en el curso de estos años, los
zapatistas expresan algunos planteamientos de valor local,
nacional y universal que parecen constituir nuevas formas políticas
para enfrentar la guerra terrorista de baja intensidad, y para
crear una alternativa humana y democrática de pueblos
organizados que exigen respeto a su autonomía y dignidad. El
movimiento zapatista hace varias aportaciones que enriquecen el
planteamiento general:
Primero:
en sus discursos instala el sentido del humor y la expresión
estética como forma de luchar contra la solemnidad, contra el
dogmatismo y el "espíritu de seriedad" de la vieja
izquierda. Segundo: en sus planteamientos articula siempre la
lucha de los pueblos indios a la lucha de los demás mexicanos y
de los demás pueblos, etnias y trabajadores oprimidos. Tercero:
en su comportamiento general busca transformar los escenarios de
lucha violenta en escenarios de lucha política, incluido el diálogo.
Cuarto: en su política de diálogo recuerda que éste es parte
de la guerra de baja intensidad y que los pueblos pierden
cuando el diálogo deriva en negociaciones que los debilitan. De
allí que "aceptar debilitarse no es negociable".
Quinto: en la política de masas considera que la democracia
electoral desvinculada de la democracia participativa tiene
graves limitaciones y es muy escéptico de la lucha electoral y
partidaria; pero no se opone a que los gobiernos federal,
estatal o municipal convoquen a elecciones ni a que en ellas
participen organizaciones y partidos de izquierda, e incluso sus
propias bases de apoyo si así lo deciden. Sexto: en la defensa
de los pueblos indios, a más de vincular las luchas de los
indios en todo lo que puede con las luchas de otros pueblos del
país y del mundo, plantea la necesidad de respetar las autonomías
de los gobiernos de los pueblos indios y no indios, dando a éstos
un sentido de lucha simultánea por la autonomía y por el
respeto a las culturas indígenas, a sus usos y costumbres y a
la autogestión de pueblos-gobiernos que no reclaman la
independencia de la nación mexicana y que se sienten parte de
ella, pero que exigen formas idóneas de autonomía con
participación en todos los niveles de gobierno de un país del
que forman parte y al que se sienten pertenecer. Séptimo: en la
política internacional, los zapatistas ponen énfasis en la
lucha contra el neoliberalismo y por la humanidad. En realidad
fueron los primeros en organizar un foro social mundial en Aguascalientes,
Chiapas, foro que es reconocido como pionero de todos los
movimientos sucesivos contra esta forma despiadada de políticas
de acumulación impuestas por la banca mundial y la Triada de
Japón, Europa y Estados Unidos. Octavo: en el terreno de las
armas y su uso, los zapatistas rehúyen cualquier fuente de
aprovisionamiento que los ligue al narcotráfico, y no sólo se
niegan a practicar actos de terrorismo, sino que expresan y
firmemente rechazan tanto el terrorismo de cualquier grupo
rebelde como el terrorismo de Estado. Noveno: en lo que se
refiere al uso de palabras y conceptos relacionados con las
causas de la situación y los objetivos del movimiento, los
zapatistas hacen innovaciones especiales en la vinculación de
las palabras y los actos para expresarse, y de las palabras y
los actos para entenderse. Además plantean el problema de la
profundización de los conceptos como un problema de coeducación
colectiva en que la experiencia o la práctica de las ideas y de
las luchas por la autonomía, la libertad, la justicia, la
democracia y la dignidad dan un sentido multicultural cada vez más
preciso a esos y otros conceptos y actos que se redefinen
mutuamente en los hechos cotidianos e históricos. La autonomía
concreta, la libertad concreta, la justicia y la democracia
concretas vividas por "los muchos", dialogadas entre
ellos, defendidas y practicadas con éxitos o fracasos variados
y también comunes, les permiten averiguar un contenido muy rico
en las palabras y conceptos de liberación y democracia, sin que
el socialismo deje de estar presente aunque sólo sea como
trasfondo del pasado y del porvenir.
El
punto que me parece necesario destacar es que en el mundo actual
están apareciendo nuevas formas de enfrentar la guerra que hoy
es una Guerra de Conquista Global, y están apareciendo nuevas
formas de luchar por un sistema alternativo. A la revolución
como toma del poder del Estado y a la reforma del derecho público,
privado y social tiende a añadirse hoy -con el zapatismo a la
cabeza- la construcción de poderes autónomos por los pueblos,
los trabajadores y los ciudadanos. Este tercer camino -que es
profundamente radical- corresponde a planteamientos que ya no se
apoyan sólo en las alternativas del reformismo o del leninismo,
ni caen en las del anarquismo, el mutualismo o el cooperativismo
que dejaban de plantear los problemas del sistema social y político
y del poder del Estado. La originalidad del nuevo movimiento
consiste, de un lado, en enfrentar la guerra de baja
intensidad con sistemas de defensa de la seguridad de los
pueblos y con éstos construir redes nacionales y universales,
capaces eventualmente de imponer un diálogo en que no sólo se
alejen los peligros de la guerra de conquista global,
transnacional e interna ni sólo se denuncien los males del
sistema de los "señores del poder y del dinero", sino
se preparen los sistemas alternativos de democracia de los
pueblos, en que a la autonomía de los mismos se añada la
soberanía concebida como capacidad de decisión final a que se
llegue entre políticas de persuasión y consenso, de
aprendizaje y educación para el autogobierno de los más pobres
entre los pobres, y de quienes están con ellos.
Que
proyectos como los de Cuba y de los zapatistas -pero más
grandes, más amplios, más universales- logren impedir la
conquista del mundo e imponer la paz, será la mayor contribución
posible a la sobrevivencia de la humanidad. Será también una
nueva definición de la paz, la democracia, la liberación y el
socialismo.
Perfil ; La Jornada. México Febrero 2003
|