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Feria del Libro, 25 de abril de 2002.

 

PRESENTACION DEL LIBRO "DOCUMENTOS 1976-1977. GOLPE MILITAR Y RESISTENCIA POPULAR", A CARGO DE SU AUTOR, ROBERTO BASCHETTI.

Muy buenas noches a todos, agradezco vuestra presencia aquí, con el fin de acompañar la presentación de éste libro. Hasta ahora, de la misma serie, habían salido:

1) DOCUMENTOS DE LA RESISTENCIA PERONISTA 1955 - 1970

2) DOCUMENTOS 70-73. DE LA GUERRILLA PERONISTA AL GOBIERNO POPULAR

3) DOCUMENTOS 73-76. VOL. I. DE CAMPORA A LA RUPTURA

4) DOCUMENTOS 73-76. VOL. II. DE LA RUPTURA AL GOLPE


Fueron en total 462 documentos volcados en 2.675 páginas.

Hoy presentamos:

DOCUMENTOS 1976-1977. Vol. I. Golpe militar y resistencia popular.

Son 56 documentos (todos del año 1976) en 445 páginas acompañadas con una amplia y detallada cronología de lo sucedido en dicho período.

Si de alguna manera se debería explicar el contenido del mismo o hacer hincapié en los momentos esenciales que nos muestra, habría que resaltar tres segmentos o estadios diferentes, pero que entre ellos se complementan rápidamente y hacen a la explicación de este libro.

1° EL GOLPE MILITAR DEL 24 DE MARZO DE 1976.
Un golpe preparado y bendecido en los EE.UU. a través de sus asesores que preparaban dictadores militares latinoamericanos para hacer el trabajo sucio en sus respectivos países. En nuestro caso, hay que remontarse a 1975 (un año antes del golpe) cuando en el marco de la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, conferencia monitoreada desde Washington, el representante argentino a dicha reunión, que no era otro que el general Videla -luego presidente de facto- preguntado por la efervescencia que cubria a nuestra patria, dirá muy suelto de cuerpo que "En la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias, para restaurar la paz en el país".

Producido el golpe, intervienen la Confederación General del Trabajo, despiden trabajadores, suspenden el derecho de huelga, eliminan los fueros sindicales, encarcelan delegados obreros en complicidad con las patronales que además en forma entusiasta, facilitan las fotos del legajo y los domicilios particulares de los activistas gremiales para hacerlos desaparecer. También exoneran funcionarios, despiden trabajadores públicos, establecen consejos de guerra y pena de muerte -que es bueno recordar no tienen el coraje de hacerla pública, si eso realmente deseaban para sus opositores políticos- y deberán recurrir al trágico y maldito eufemismo de los "secuestrados-desaparecidos". Los casos más puntuales y paradigmáticos de esa práctica infame pueden rastrearse en la cronología, que repito acompaña este libro.

Desde un principio todas las fuerzas del establishment se alinean atrás de los represores. Todas, sin excepción. Tomemos tres ejemplos.

Las empresas periodísticas. Los grandes medios de comunicación reparten loas entre los militares golpistas: "Favorable repercusión tuvo en el exterior la asunción por parte de la Junta Militar del gobierno de la Nación. Quizá el mejor indicador se reflejó en el mercado de cambios de Montevideo donde el peso argentino experimentó ayer un alza del 15% con respecto a la jornada anterior" (Clarín-26 de marzo).
"Por eso cuando se habla del nuevo presidente, no se habla de un militar, de un político y ni siquiera de un militar político. Se habla de un moralista, de un hombre de otro tiempo…" (Gente-27 de marzo).
Bernardo Neustadt en su editorial de la revista "Extra" (abril 1976) firma la nota "Dios nos ilumine" donde va "dando gracias a Dios de que el pronunciamiento del 24 -suena mal eso de golpe- se haya conseguido sin derramamiento de sangre argentina". Con respecto a Videla, lo ve como un "profesional apartidista que ya de cadete era siempre igual: serio, preciso, pulcro, ordenado, correcto, estudioso, respetuoso y firme".

Los organismos internacionales. Ese mismo día -27 de marzo- el FMI decide otorgarle a los nuevos gobernantes de la Argentina un crédito por 127 millones, 600 mil dólares, una partida que estaba bloqueada para el anterior gobierno constitucional.
Esa concesión era lógica porque en el poder ahora estaban los que iban a cumplir al pie de la letra las imposiciones foráneas. El por entonces periodista del diario La Opinión, José Ignacio López -con la vuelta de la democracia en 1983, vocero presidencial de Raúl Alfonsín- al referirse al flamante ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, dirá que "éste se ubica entre aquellos que han advertido que el hombre de negocios no puede permanecer recluido en el estrecho círculo de sus negocios, sino que debe participar crecientemente en la solución de los problemas de la sociedad contemporánea", particular manera de presentar en sociedad a "Joe", acaudalado estanciero, miembro del directorio de Pan American Airways y de la multinacional telefónica ITT, asesor del Chase Manhattan Bank y directivo de las empresas Bracht, Soldati, Braun Boveri Banca Roberts y Acindar (subsidiaria de U.S. Steel).

La Jerarquía Eclesiástica. Está claro que si nuestra Iglesia católica se hubiera puesto firme para impedir el genocidio, el mismo no se hubiera consumado. Pero hizo exactamente lo contrario, alentó el golpe o lo avaló con su silencio, en tanto que miles de sus cuadros, sacerdotes o laicos eran encarcelados, secuestrados, torturados y muchos "desaparecidos". Basta ver la tapa de la revista "Esquiú" n° 832 del 4 de abril en donde un serio y engominado Videla vestido de militar ocupa la portada acompañado de un texto inequívoco: "Temple espartano. Videla presidente". O escuchar las declaraciones de monseñor Adolfo Tórtolo, arzobispo de Paraná, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y vicario general de las FF.AA., un día después, el 5 de abril, cuando refiriéndose a Videla expresa que: "..como militar es de primera, como católico es extraordinariamente sincero y leal a su fe; los principios que rigen la conducta del general Videla son los de la moral cristiana". Sin embargo sobre la moral cristiana de los vicarios castrenses y/o policiales hay mucho que decir. Represor en un grupo de tareas, Julio Alberto Emmed hizo saber que luego de matar personalmente a 3 personas con inyecciones de veneno en el corazón, el sacerdote Christian von Wernich "me habla de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido; me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para el bien del país". (Testimonio a la CONADEP. Reproducido en el "Nunca más").

2° LA RESISTENCIA OBRERA Y POPULAR AL GOLPE MILITAR

Se quiere hacer creer y hay un inconsciente colectivo al respecto de que esta dictadura militar cayó por sus dislates políticos, la corrupción económica generalizada y su posterior fracaso en la Guerra de Malvinas. Nada más equivocado. Hubo una resistencia encarnizada a esa dictadura, que obligó a ésta a una feroz represión que a su vez fue denunciada en el exterior. Cuento en mi libro las miles de formas que esa resistencia tuvo entre los trabajadores. Sobresale una. En la planta de FORD en General Pacheco los trabajadores rompieron a martillazos un lote de autos verdes Ford Falcon, listos para ser entregados a la Policía Federal. Y esos trabajadores cuando eran encarcelados por su acción gremial, seguían desde la cárcel, en condiciones infrahumanas dando batalla a los represores. Y sino veamos…..

El relato que sigue fue escrito originariamente por un tal Cacho, en "Argentina día a día", una revista del exilio.

"No sé si sigue preso. Burgos era tucumano. Pequeñito, delgado y negro. El uniforme de invierno de La Plata le sobraba por todos lados. Cuando jugaba al ajedrez, sentado en los bancos helados, parecía que las piezas las movía su ancha manga: apenas si sacaba la puntita de los dedos.
Burgos era uno de tantos. No hablaba casi, escuchaba mucho. Uno de tantos. Cuando había que decidir cosas, Burgos no era de los primeros a consultar. Era de los del medio y tirando para abajo.
Una tarde, como tantas tardes, la requisa nos enquilombó las celdas. Nadie, que no lo haya vivido, podrá saber que se sentía al entrar al cubículo puesto patas para arriba. Era una mezcla compleja de sensaciones, pero sentada encima de todas reinaba el odio, un odio espeso, negro y palpitante. Odio químicamente puro.
Una requisa como tantas. Pero hete aquí que Burgos -en el momento mismo que se estaba entrando a las celdas, que es cuando la yuta se pone más nerviosa, porque los presos están afuera y todo es posible en la dimensión desconocida- llama al oficial:
- Me robaron un chocolate
- ¿Un qué?
- Un chocolate.
- Entrá, negro hijo de puta.
Patada, candado. Una hora después, plac, se abre el pasaplatos:
-¿Usted es el que anda diciendo que lo han robado?.
Burgos mira hacia arriba. Un montón de solcitos en la camisa del oficial. Es un turro grande.
- Sí.
- De manera que usted se atreve a afirmar que aquí se roba a los presos.
El oficial hace tamborillear sus uñas sobre el acero de la puerta.
- Sí - Dice el negro y sabe que se está comprando un chancho grande como el Aconcagua.
- Muy bien. Ya tendrá noticias.
Plac. Se vuelve a cerrar el pasaplatos. Silencio de muerte en el pabellón. Casi todos escuchamos el diálogo. Estamos preocupados. Por la mitad de lo que hizo Burgos se ha matado a patadas a compañeros.
Plac.
- Burgos, prepare el mono.
Ya está ¿Y ahora? Se lo llevan a Burgos a los chanchos.
Durante unos días no sabemos nada. Después, a través de esos inescrutables caminos de la cárcel, nos llega una posta:
- El negro se negó a firmar el parte.
Por no firmar el parte ha habido decena de fracturas, bazos estallantes, testículos atrofiados. ¡Ay, negrito, negrito! ¿Valía la pena tanto lío por un chocolate?
Diez días después Burgos vuelve al pabellón. Está todavía más delgado y, aunque parezca mentira, pálido. Agosto es duro en el chancho de La Plata. Confirma: no firmó el parte, porque decía "ofender a un oficial". Pidió que pusieran "por denunciar el robo de un chocolate por parte de la requisa del penal". Lo cagaron a patadas.
Supusimos que la historia había terminado allí, con grandes pérdidas para el campo popular. Pero los tucumanos tienen una idea distinta acerca de cuándo y cómo deben terminar las cosas. Al día siguiente Burgos pidió audiencia al director y le dijo que la requisa le había robado un chocolate. Esa misma tarde volvió a ingresar a los chanchos.
Se las voy a hacer corta. Durante dos meses Burgos estuvo entrando y saliendo de los chanchos y entrando y saliendo de los despachos del jefe del penal y del director, donde una y otra vez denunciaba el robo del chocolate.
Lo reventaron a trompadas, lo hicieron bañar con agua helada tres veces por día, lo amenazaron con fusilarlo y tirarle los pedazos a los perros. El negro escuchaba y no decía nada. Pero apenas llegaba de vuelta a la celda, con el mono todavía armado sobre la lápida de mármol que en La Plata se usa de cama, se ponía a escribir otro pedido de audiencia al director.
Y bien: les ganó. Un día vinieron todos juntos, en patota de lujo, abrieron la puerta de la celda y le pidieron por favor que se quedara tranquilo, que no volviera a pedir audiencia, que no los volviera locos. Estaban todos: el directo, el subdirector, el jefe del penal, el oficial de pabellón.
El negro escuchó calladito, y cuando le pidieron su opinión, sólo dijo:
- Me tienen que devolver el chocolate.
Y le trajeron un chocolate. Y el negro lo llevó al patio y nos dio un
pedacito -del tamaño de una aspirina- a cada uno. Y nos morfamos el chocolate mientras mirábamos a la yuta con los mismos ojitos de la Gioconda.
El coraje siempre inspira respeto, y especialmente a los canallas. A mí me lo enseñó un tucumanito de apellido Burgos".
Resta hablar ahora de otra parte importante de la resistencia que aparece en el libro: la lucha armada.

Fueron los Montoneros quienes llevaron sin lugar a dudas, el peso de esa resistencia armada. Tuvieron millares de víctimas. Y recién ahora, luego de pasados 5 lustros en que sucedieron los hechos, comienza a visualizarse y comprenderse su aporte a la resistencia popular. No está de más recordar que muchos políticos que ahora recitan la constitución nacional de memoria (lo que no los privó de buscar rápidamente componendas políticas con los militares en el poder en aquellos trágicos momentos que vivía nuestro país, se olvidaron casualmente de dos artículos de la misma. El 14, que afirma que "el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuyan los derechos del pueblo cometen delito de sedición". Y el artículo 32 que determina que: "Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria y esta Constitución".
Con los años quedaron atrás las repetidas e inconsistentes mentiras del gobierno militar, y luego, la nefasta "teoría de los dos demonios", esa curiosa explicación, según la cual, los militares (malos) intercambiaban tiros con los subversivos (más malos todavía), en tanto el grueso de la población, impoluta y desorientada, temerosa y aséptica, veían pasar los acontecimientos sin atinar a nada ni comprender mucho. Así trataban de esconder la confrontación evidente que hay entre unos pocos que quieren quedarse con todo imponiéndose por la violencia y aquellos que se defienden como pueden, aún enfrentando esa violencia con una violencia mayor, que cabe aclarar no quieren ni desean, pero se ven obligados a ejercer para no ser aniquilados.

Casi siempre, el tiempo, todo lo aclara y lo explica….

El 9 de noviembre de 2000, en Roma, el fiscal peninsular Francesco Caporale, durante el juicio seguido en Italia al ex general Suárez Mason, por la desaparición del delegado sindical de astilleros Astarsa y militante montonero Martino "El Tano" Mastinú y otros ciudadanos de ese país en Argentina, expresó sorpresivamente, en una parte de su alegato: "Montoneros… esos románticos caballeros de la nada que querían cambiar el mundo (…) Mi generación es la de quienes tenían entonces 20 años, que no eran terroristas subversivos, sino jóvenes con valores altos de igualdad, justicia y solidaridad (…) Si yo hubiera nacido en Argentina hubiera terminado como esos jóvenes".

Y bien, como dice el fiscal, "jóvenes con valores altos de igualdad, justicia y solidaridad". Veamos sino:

Graciela María de los Milagros Doldán era una militante montonera compañera del Negro José Sabino Navarro -un histórico de la Organización- y luego del golpe de Videla estaba detenida-desaparecida en Córdoba en el Campo de Concentración clandestino de La Perla. El relato que transcribo es de una sobreviviente del mismo, Graciela Geuna, que dio testimonio el 1° de agosto de 1985 ante el juez León Arslanián.

Cuenta Geuna: "El 17 o 18 de febrero de 1977, Graciela me dijo: me trasladan hoy. Me lo dijo Vergara (por Carlos Alberto Vega, un represor). Le pregunté si iba a dormir la siesta y me dijo que no; son mis últimas horas de vida, quiero pensar. A las tres de la tarde la llamaron, hizo una sonrisa grande, hermosa, saludó con la mano en V y salió hacia las oficinas. Nunca más la vi. Yo tenía lágrimas en la garganta, en todo el cuerpo, pero no en los ojos. Ese mismo día, González -otro represor militar- contó que la habían fusilado a la Graciela. Contó que ella pidió que la fusilen sin venda, sin mordaza y sin maniatar. Dijo que ella no se iba a escapar pero que quería morir viendo el sol y el cielo. Según el capitán González se lo concedieron. También se fumó un último cigarrillo. Antes de que tiraran, Graciela María de los Milagros Doldán pidió al Mayor que dirigió el fusilamiento despedirse de él, le dio la mano, un abrazo y le dijo: "Sos el último ser humano que voy a ver antes de morir y aunque vos no lo sepas sos un ser humano y para mi es importante, porque me estoy despidiendo de la humanidad". Me dijo González que ese Mayor volvió al destacamento 141 llorando y que no quería participar nunca más de un fusilamiento".

Evidentemente, Graciela, les ganó con su grandeza.

Nada más. Muchas gracias por escucharme.