29 de abril del 2002
Erfurt, una explicación lógica del ilógico
mundo en que vivimos
Malime
Me llama la atención que no se comprenda que la masacre provocada por ese muchacho, inteligente, según sus compañeros de clase, que fue expulsado del instituto de Erfurt haya matado a los profesores, alumnos y guardias que se pusieron por medio en su trayecto genocida. Y que finalmente el mismo se pegara un tiro y muriera también. Actos de desesperación como este, lo vemos cotidianamente, cada dos por tres. En el paraíso de la "democracia", los Estados Unidos, nos sorprenden frecuentemente con noticias de algún loco armado que se lía a tiros con todo bicho viviente que pasa por el lugar, de jóvenes alumnos que también han ido a la escuela y se han liado a tiros y matado a profesores. En nuestro país constantemente, nos dan noticias de muertes provocadas por la violencia domestica, de los atentados del terrorismo indiscriminados de ETA.
Esas muertes nos sorprenden porque, sin aparente razón que las justifiquen, no entran en la lógica de las normas de convivencia que nos han impuesto. Sin embargo, aceptamos que se llame acción de guerra la actuación de Israel contra Palestina, donde se ha masacrado a una población civil dentro de sus propias casas en las que han muerto niños, mujeres y ancianos, y se llama acto terrorista las respuestas de los kamikaces palestinos, que usan como tanque o cañón portador y disparador de bombas a su propio cuerpo que es destruido también en la acción de guerra.
En Yugoslavia, Afganistán, Irak, los ejércitos salvadores provocaron miles de victimas inocentes, pero esas acciones entraban dentro de las normas impuestas, no nos sorprendían, ni nos parecían que estuviesen fuera de la lógica de la violencia.
Sabemos de la bondad influenciadora de los medios de comunicación para darnos las noticias en tonos dramáticos o justificativos de la barbarie provocada. Basta con oír a cualquier comentarista de televisión, radio o prensa escrita, como utilizan el lenguaje para definir unos y otros actos de violencia. Definiciones que nos inducen a aceptar determinados actos y las que nos provocan rechazo.
Pero volvamos a analizar el caso que nos ocupa de la acción desesperada del estudiante expulsado del instituto de Erfurt. Yo me sitúo en la desesperación del muchacho. ¿Quién, en un determinado momento no se ha sentido impotente ante una acción represiva sufrida que le ha hecho reaccionar violentamente, y que de haber tenido en el momento un arma no la habría utilizado? Vivimos en un medio absurdo, incomprensible para cualquier mente minimamente humanizada. Un mundo basado en la individualidad, la competencia, la insolidaridad -solidaridad solo para producir, somos seres sociales solo para eso-. Al ser humano se le priva del derecho a expresarse, a participar en asuntos que le afectan directamente.
Ese muchacho inteligente con su acción desesperada estaba expresando violentamente lo que pacíficamente no pudo realizar en un medio adecuado. Ese muchacho, respondía salvajemente a un sistema que le oprimía, que le expulsaba del instituto, el no se sentía representado por unas leyes en las que no había participado, que le provocaron la expulsión. Desde la individualidad inducida, impuso su propia ley, mató brutalmente.
Se me viene a la mente un ejemplo positivo de democracia directa y participativa, que tuvimos la ocasión de experimentar padres de alumnos, alumnos y profesores en el colegio Trabenco (Trabajadores en Cooperativa) de Entrevías en Madrid. Trabenco era una cooperativa de viviendas, donde se ejercía un comportamiento democrático y participativo. Además de las viviendas se construyeron locales comerciales. De entre ellos se decidió dedicar una parte a colegio para nuestros hijos y los demás niños del barrio. Llegamos a un acuerdo con el Ministerio de Educación, nosotros cedíamos los locales y el ministerio pagaba a los maestros, pero con la condición de que los maestros los elegíamos los padres. El ministerio aceptó nuestra propuesta y aquello empezó a funcionar. Conviene resaltar que aquella experiencia se realizó en plena dictadura franquista.
Se incorporaron un equipo de maestr@s jóvenes enamorados de la profesión, la relación padres, profesores y alumnos era magnifica. Se constituyó la asociación de padres de alumnos que se reunía periódicamente con el claustro de profesores donde se analizaban los problemas y se aportaban soluciones. Los alumnos elaboraron sus propias normas de conducta y las escribieron en un tablón que estaba presente en la clase. Con el lenguaje de niños, ellos escribían que cosas no se debían de hacer y que castigos debían soportar los que incumpliesen las normas democráticamente aprobadas por todos.
El barrio era un barrio obrero, con la problemática de esa condición social, pero nunca en nuestro colegio, a pesar de que se dieron casos de alumnos difíciles, la violencia nunca se ejerció contra los alumnos. Se crearon incluso clases especiales para los alumnos que por sus particularidades no podían seguir la marcha del nivel que les correspondía. Clases de educación especial, con menor número de alumnos a los que el profesor podía dedicar una atención más personalizada. Muchos de ellos recuperaban el nivel y se reincorporaban a su curso.
Mis hijas recuerdan aquel grato y solidario ambiente conseguido en Trabenco, a sus profesores con los que, a pesar de los años transcurridos les une la amistad, cariño y respeto. De vez en cuando nos vemos con algunos de ellos.
Cuando nos cambiamos de barrio, mis hijas tuvieron que integrarse en un colegio estatal "normal", el choque para ellas fue brutal, al primero que fueron no lo soportaron y tuvimos que cambiarlas a otro más retirado donde existía una asociación de padres de alumnos y el ambiente era más llevadero.
Han cambiado muchas cosas desde entonces ahora, pero lo que más sentimos sin ser conscientes de ello, es la tremenda insolidaridad e individualidad a que nos han conducido. El paso de la dictadura a la "democracia", de la consolidación brutal a nivel internacional del pensamiento neoliberal dominante ha supuesto la cerrazón, el encerramiento en nosotros mismos, la falta de solidaridad se da hasta en los centros de producción, nos hace ver al compañero con recelo, por la inseguridad y precaridad del puesto de trabajo, nos impide ver otras alternitas diferentes a las impuestas. Cada cual trata de sobrevivir como puede, la violencia se esconde detrás de cada uno para defenderse de la violencia latente. En determinados momentos esa angustia se hace insoportable, y estalla, lo vemos en América, Alemania, en España o la Con Chinchina capitalista.
Ahora la gran justificación para el ejercicio y fortalecimiento de la represión neoliberal nos dicen que está motivada por el terrorismo y la emigración, que los delitos que se cometen son realizados mayoritariamente por emigrantes. La sociedad, los trabajadores ven esa realidad pero nadie dice las causas profundas que provoca esa realidad, ni propone las medidas correctas para acabar con los efectos provocados, la lógica superficial lleva a pedir Le Penes o Hitleres de mano dura, hacen buenos a políticos como Chirac o Aznar, que propugnan el recorte de sus propias libertades formales, con las que pretenden contrarrestar las contradicciones que genera la agudización de las desigualdades sociales y económicas. Cerrar fronteras, cuando al ser humano no se le puede impedir huir de la miseria y la lenta agonía. La única frontera que puede frenar e impedir la emigración es la de devolver a sus países de origen lo robado por los países del primer mundo, para que puedan tener su propio desarrollo económico en donde nacieron. Tampoco, por muchos elementos represivos que dispongan podrán evitar los actos inimaginables que la desesperación es capaz de provocar. Es imposible prever acciones como las que ha protagonizado el joven de Erfurt.
El medio impuesto nos hace victimas y colaboradores inconscientes de este sistema injusto y depredador. No existe democracia, no existe colaboración ciudadana. Los partidos, la clase política, sobre todo la que se llama de izquierdas es la principal responsable de colaborar y sostener ese falso juego político impuesto al que llaman democracia.
Vemos lejano o difícil acceder a las verdaderas formas democráticas y participativas, que aunque hayan sido efímeras, en el transcurso de la historia la humanidad se han dado. Formas avanzadas de verdadera democracia que no se correspondían con el grado de desarrollo productivo y cultural existente en ese momento histórico y por eso no se desarrollaron y murieron. Aunque no lo comprendamos, somos cómplices de una situación que provoca esas acciones horribles. En la loca sociedad que nos toca vivir, no debe extrañarnos que se provoquen actos bárbaros individuales como el protagonizado por el muchacho de Erfurt y otros de carácter colectivo provocados por los ejércitos "legalmente" constituidos, en Palestina, o cualquier parte del mundo, donde el imperio necesita imponer su orden.