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RAFAELA
DE LA PASIÓN VEINTEMILLA
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Natural
de Quito (Ecuador), a los cuatro años quedó huérfana de madre y al cumplir
los diecinueve perdió también al padre. Su educación fue la propia de la alta
sociedad a la que pertenecía su familia.
Atraída
desde joven por la figura de Mariana de Jesús, “la
azucena de Quito”, además de vestir su hábito, creó una asociación en
honor suyo. Hubiera deseado vivir en un monasterio como monja clarisa, pero su
hermano, para ella como un padre, el general Ignacio - presidente de la república
de Ecuador de 1878 a 1883 - la quería responsable del gobierno de la casa.
Permaneció, pues, en el mundo, pero con una forma de vida muy parecida a la de
una religiosa; con votos privados y firme propósito de realizar lo que en cada
caso entendiese ser lo más perfecto. Sin perjuicio de las ocupaciones domésticas,
dedicaba varias horas al día a las prácticas piadosas de la oración mental,
al rezo del oficio parvo y al de los quince misterios del rosario.
Como
consecuencia del levantamiento militar contra su hermano el “dictador
Veintemilla”, Rafaela fue encarcelada durante ocho meses, sin que se tuviese
con ella consideración alguna. Cuando, por fin, en 1883 la familia entera fue
expulsada de la nación, estableció la residencia en Lima, obviamente con las
estrecheces propias de los exiliados despojados de sus bienes.
En
su nueva patria pronto comenzó a ser una figura conocida. Alta, de contextura más
bien delgada, de trato distinguido, con una personalidad firme y serena. Volvía
a vivir su vida piadosa de siempre. De hecho, al poco de llegar ya se inscribió
en la cofradía del Rosario con sede en la iglesia de Sto. Domingo, alcanzando
el cargo de presidenta de la misma.
En
1894 comenzó a dirigirse con el agustino español P. Eustasio Esteban, futuro
general de la Orden. De su mano no tardó en advertir que el Señor la llamaba a
fundar una congregación religiosa con la finalidad de alimentar e instruir a la
infancia y juventud femeninas necesitadas de ayuda y protección, ofreciendo los
sacrificios que tal quehacer habría de comportar en favor de los pecadores y el
alivio de las almas del purgatorio. A mediados de 1895 se separó de la familia
y pasó a vivir en un modesto apartamento arrendado, adoptando desde entonces el
nombre de Rafaela de la Pasión, -“mi
alimento, mi sostén, mi fuerza”- y el de Agustinas Hijas del Santísimo
Salvador para sus hijas, sin otro distintivo externo que el de vestir de negro,
con un crucifijo sobre el pecho y un rosario pendiente de la correa o cintura
agustiniana.
Falleció
santamente en Lima el 1918 a la edad de 82 años. Sus restos mortales se
encuentran en el jardín del convento de Nuestra Señora del Prado de Lima.
El
6 de febrero de 1987 la Santa Sede concedió el nihil
obstat para la instrucción del proceso diocesano. Concluido éste en 1989,
obtuvo el decreto de validez de la Congregación de los Santos el 6 de marzo de
1992. La “Positio” fue entregada en 2001.
Fernando
Rojo, o.s.a.
Bibliografía
[ESTEBAN, E.], OSA., La Sierva de
Dios Madre R. de la P. V., Lima 1938; RANO, B., OSA., Agostiniane
Figlie del SS. Salvatore, en DIP.
1, Roma 1974, c. 208-09; BULNES, Y., R. de
la P. V., alma misionera en la contemplación y acción, Roma 1982;
APARICIO, T., OSA., R. de la P. V., en
ArchAg. 70
(1986) 195-294; ROJO, F., OSA., Veintemilla
Villacís, Raffaella della Passione, fondatrice della Congregazione delle
Religiose Agostiniane Figlie del Ss. Salvatore,
en BSS. II App., Roma 2000, c.
1457-59.