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Discriminación y Bifobia
por Myriam Brito Dominguez
Las y los bisexuales que hemos sentido el rechazo de gays y lesbianas sabemos
que dentro de su concepción deberíamos ser blancos o negros, homosexuales o
heterosexuales. Ellos no entienden que su estigmatización hacia nosotras y
nosotros, su bifobia, también nos lastima como a ellos la homofobia. Angélica
Ramírez Roa. “De las dicotomías y los estigmas”.
Las visiones prejuiciadas acerca de la bisexualidad tienen consecuencias e
implicaciones muy graves y problemáticas para las personas que asumen esta
preferencia sexual. Entre éstas se pueden considerar el rechazo personal o de
grupo, la marginación, invisibilización, y discriminación. Se debe considerar
que la discriminación, en tanto que fenómeno y problema social, se encuentra
atravesado por múltiples y complejos elementos como la interrelación entre
actores y grupos sociales, dinámicas de poder y dominación, los contextos en los
cuales se desarrolla, entre muchos otros. La pregunta ¿por qué se discrimina? no
tiene una respuesta fácil o sencilla. Robyn Ochs, una importante teórica
bisexual anglosajona, sostiene que debemos considerar elementos como los
privilegios sociales que se generan entre grupos sociales, la construcción de
estereotipos, el sentido de pertenencia y cohesión de grupo que produce una
división entre el “nosotros” y los “otros”, así como la visibilidad o
invisibilidad de las minorías (Ochs, 1996: 218-219). Ampliando este punto, la
discriminación se conforma a partir de elementos simbólicos presentes en la
cultura, los cuales moldean las identidades a nivel individual y colectivo, esto
implica que es un fenómeno social y no un proceso natural. Una característica
central de la discriminación son las actitudes de desprecio basadas en los
prejuicios negativos y del estigma, asimismo está vinculada con relaciones de
dominio, y por ello, asimétricas y desiguales, entre personas y grupos. La
discriminación es una forma estructural de desigualdad que se da en el plano de
las representaciones subjetivas. De acuerdo con Jesús Rodríguez Zepeda “la
discriminación puede ser definida como una conducta, culturalmente fundada, y
sistemáticamente y socialmente extendida, de desprecio contra una persona o
grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o un estigma
relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto (intencional o
no) dañar sus derecho y libertades fundamentales” (Rodríguez, 2004: 19).
Otro elemento que se relaciona con la discriminación son las personas o grupos
que son objeto de este desprecio social basado en los prejuicios y los estigmas.
Así, existen muchas personas o grupos de personas que se les identifica o
asocia, a partir de ciertas características particulares, con ciertos prejuicios
negativos y representaciones sociales estigmatizadas, lo cual las coloca en
condiciones que se consideran de vulnerabilidad, y esto, a su vez, las expone a
tratos discriminatorios. Todo esto hace de la discriminación un mecanismo
estructural de exclusión, con implicaciones sociales, políticas y económicas de
largo y profundo alcance.
Para el caso de las personas con una preferencia bisexual, se produce un
fenómeno que se conoce como “doble discriminación”, el cual tiene que ver con el
tipo de relaciones y dinámicas sociales que las y los bisexuales mantienen con
el (pretendido) mundo heterosexual, por un lado, y con las personas y en los
grupos lésbico-gays, por el otro. “Las/los bisexuales frecuentemente son vistos
por gays y lesbianas como individuos que poseen privilegios que ellas y ellos no
tienen, y también son vistos por muchos heterosexuales como amorales,
hedonísticos/as esparcidores de enfermedades y destructores/as de familias. Esta
“doble discriminación” de parte de heterosexuales y de las comunidades lésbicas
y gays casi no es reconocida o admitida como una verdadera fuerza de opresión
externa, pero está opresión es real y tiene muchos efectos dañinos en las y los
bisexuales” (Ochs, 1996: 217).
Esta doble discriminación forma parte de dinámicas complejas de poder y
dominación, de las cuales se puede dar cuenta con el término de bifobia. Este
concepto, está basado necesariamente en el de homofobia, el cual hace referencia
a “la creencia en la superioridad inherente de un solo modelo de amor y por
ello, al derecho a dominar y hacer temer por los sentimientos de amor hacia un
miembro del mismo sexo” (Ochs, 1996: 221). Sin duda, la homofobia afecta y
lastima tanto a mujeres y hombres homosexuales como a bisexuales, pues todas y
todos padecen las consecuencias de un sociedad y una cultura heterosexista,
intolerante y discriminatoria. Sin embargo, la bifobia subraya esta doble
dinámica, en la cual, las y los bisexuales no sólo experimentan dinámicas de
desprecio en el mundo heterosexual, sino también, en y desde los espacios
lésbicos y gays; las cuales, se debe agregar, son experiencias compartidas, por
otra clase de prejuicios, con las personas travestís, transgéneros y
transexuales.
Respecto de las formas y expresiones de la bifobia, Robyn Ochs plantea las
siguientes: negar la existencia de las personas bisexuales y denigrar la
bisexualidad como una opción válida de vida; perpetuar el silencio de las/los
bisexuales, sobre todo, desde un modelo dominante de sexualidad que exagera y
perpetúa las diferencias entre homo y heterosexualidad; la invisibilidad de la
bisexualidad, que podemos ver en todo tipo de prácticas y usos cotidianos,
también es otra forma de bifobia, ya que si un persona bisexual no se nombra
como tal, generalmente será clasificada como lesbiana, gay o heterosexual. De
igual forma, considerar que la “verdadera bisexualidad” solo es aquella que se
vive desde el “50-50” (mitad heterosexual y mitad homosexual) y por ello es un
ideal difícil de encontrar en la realidad, implica negar la amplia diversidad de
formas que puede tener la bisexualidad. También encontramos que las y los
bisexuales son más visibles cuando viven relaciones de conflicto y se tiene
noticia de ello, lo cual, a su vez, ocasiona que se “confirmen” los estereotipos
bisexuales como personas inestables y con problemas de identidad y definición,
sin embargo, a las y los bisexuales que tienen vidas no controvertidas, ni
conflictivas, no se les pone atención.
La discriminación y la bifobia vulneran la integridad de las personas con una
preferencia bisexual, de igual forma que la homofobia a gays, la lesbofobia a
las lesbianas y la transfobia a travestís, transgéneros y transexuales. Así,
despreciar, negar, denigrar y/o invisibilizar a la bisexualidad, tiene graves
implicaciones que afectan directamente la vida de las y los bisexuales, sus
derechos y finalmente su humanidad.
Es necesario señalar otras dos dimensiones en las cuales las visiones
estigmatizadas sobre la bisexualidad también tienen consecuencias importantes.
Una de ellas se refiere a que los prejuicios sobre la bisexualidad afectan la
forma en que se hace investigación sobre sexualidad, así como sobre los
resultados que se obtienen. Como señala Beth Firestein, las investigaciones de
Alfred Kinsey fueron determinantes para cuestionar el modelo dominante de
sexualidad, desde el cual la homosexualidad era considerada como una enfermedad,
sin embargo, la información que se refería a experiencias y prácticas bisexuales
ha sido ignorada por años (Firestein, 1996: 272).
Esta autora, también señala la estrecha relación que este problema tiene con el
ejercicio académico y profesional de las psicólogas/os y psiquiatras, ya que,
por un lado, tienen una posición privilegiada para perpetuar o ir cambiando las
visiones negativas acerca de la bisexualidad, dando o no cierto tipo de
información al respecto. Además de esto, la atención médica y psicológica que
den a las y los bisexuales está determinada por sus concepciones (prejuiciados o
no) acerca de la bisexualidad. “(…) cuando las ciencias sociales perpetúan la
reificación de las concepciones dicotómicas de la orientación sexual, ellas/os
también refuerzan estereotipos destructivos acerca de las/los bisexuales en toda
la sociedad. Su información equivocada, la cual está reforzada por su autoridad
como profesionales, contribuye a crear condiciones para promover la
discriminación, preocupación continua y desconfianza respecto de las y los
bisexuales. Aún más, esta clase de información exacerba las tensiones existentes
y sentimientos de alienación que caracterizan las relaciones entre muchos
segmentos de las comunidades gays y lésbicas y la emergente comunidad bisexual”
(Firestein, 1996: 275).
De esta forma, los prejuicios y estigmas acerca de la bisexualidad, que se
traducen en prácticas discriminatorias y experiencias marcadas por la bifobia,
afectan, en primer lugar, a las personas que asumen una preferencia bisexual, a
su vida, sus derechos, sus oportunidades y finalmente a su dignidad humana, sin
embargo, también afectan las posibilidades de articular e integrar un movimiento
social y político que se organice contra las prácticas e instituciones bifóbicas,
homofóbicas, lesbofóbicas y transfóbicas; contra la discriminación, el
heterosexismo y el reposicionamiento de la derecha, con todas las implicaciones
que ello tiene. Se debe considerar que es muy difícil generar un movimiento
social de largo alcance, cuando nos estamos relacionando, desde la desconfianza,
los prejuicios y la discriminación.
Bibliografía
Firestein, Beth A. (1996). “Bisexuality as Paradigm Shift: Transforming Our
Disciplines” en Beth A. Firestein (edit.) Bisexuality. The Psychology and
Politics of an Invisible Minority. SAGE. California. pp. 263-291.
Ochs, Robyn (1996). “Biphobia: It Goes More than Two Ways” en Beth A. Firestein
(edit.) Bisexuality. The Psychology and Politics of an Invisible Minority. SAGE.
California. pp. 217-239.
Rodríguez Zepeda Jesús (2004). ¿Qué es la discriminación y cómo combatirla?
CONAPRED. México. 61 pp.
Extraído de www.opcionbi.com